A Pita Cega: caprichos de Pilar con aires de Ribeiro.

Pita Cega Pita cega 36 horas después

A Pita Cega.
Sábado 3 de agosto
13:00 hrs.
Día flor con luna menguante.
La botella lleva 36 horas abierta.
Es trigo limpio con la nariz metida en ese corredor ecológico que limita la viña por abajo, por el sur vamos. Un Edén de lavandas y tomillos que huelen a limón y hierba buena, buenísima y flores blancas pequeñas de pistilo largo como una flauta de donde libar algo dulce, líquido, ligero.
Mineral de la piedra sobre la que se debaten a vida o muerte cada día de su vida las viñas, con pocos centímetros de cuarzo pulverizado y algo de tierra de profundidad. Macedonia de peras y melocotones en su punto, ácidos, dulces, muy jugosos. Sensación de verano y de infancia en la playa. Piscina de agua salada incrustada en Sabaríz inmediaciones de Ribeiro.
Capricho de Pilar que yo celebro.

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Pedralonga, de aquellas piedras, estos vinos.

Siete hectáreas y media sobre todo de Albariño, con la viña de Mencía, Caíño y Espadeiro en la puerta de la bodega que es también la casa. Estamos en Rías Baixas, sub zona del Salnés, donde el suelo es todo arena y en este terreno en particular, te encuentras a 40 cm con la pedra longa. Para civilizar este territorio, donde se instalaron los Alfonso Fontán hace 30 años, hubo que dinamitar la piedra, en ciertas partes, para poder plantar. Qué valor! Me maravillan las personas que pueden mirar un terreno complicado y tener la clara convicción de que ahí podrán sacarle vino a las piedras. Y claro está que me espantan las que tienen la prepotencia cerril, de ver un territorio virgen e imaginar una intervención urbanística depredadora.
Las variedades tintas, decía, están a nivel de la casa, las viñas destinadas a pie de cuba, subiendo, a mitad de la cuesta, y la joya de la corona, en lo más alto, forma ahora que es verano, un manto largo, ancho, mullido y refrescantemente verde, de viña vigorosa de Albariño.
Interesante resulta la adaptación de la Mencía, que no está en su hábitat natural, más claro en la Ribeira Sacra y aun más en el Bierzo. La Espadeiro sin embargo no está tan contenta, mientras que el Caíño está en su salsa.
Lo constatamos en bodega, probando de las tinas de inox -aquí no hay madera- excepto para una marca de Albariño, y fue la cosa más refrescante que pudimos probar. Tinto do Umía, mi debilidad, en su añada 2012.
La Mencía, 60%, al loro en Rías Baixas, hace muy buena yunta con el Caiño, y resulta un vino vertical de una picardía austera acaso reflejo de algo del espíritu gallego de Miguel, aunque fue su padre el que insistió desde el principio en plantar las tintas, por sus reverendos cojones.
Los vinos de Pedralonga tienen la elegancia y complejidad exactas, mezcla del carácter fuerte y duro que hay que tener para aguantar el trabajo en la viña y el minifundio mental que también campea, con un toque justo e imprescindible de mundanidad. Así sentí el Albariño 2012 y así siento el Vendetta, contundente declaración de principios. Se deja el vino hacer muy lentamente, dos años en un depósito de inox que conserva la temperatura baja y tiene unas paletas, que mueven al vino acariciándolo muy suavemente, una vez por mes, siempre en luna menguante, nunca creciente, nunca con borrasca.
Pedralonga es una bodega familiar en el sentido estricto de que la trabajan Miguel y su padre, y podría decir de una tradición en update constante, porque aplican el conocimiento acumulado en las generaciones, sin caer en que todo tiempo pasado fue mejor.
El abuelo, personaje recurrente en el relato y muerto hace muy poco, hacía la cama de meda o de merda? a las vacas. Preparaba un lecho cómodo de paja donde el animal se echaba, descansaba y hacía caca. Se levantaba y el abuelo cubría esa capa con otra de paja y así varias veces. Al lograr un alto suficiente, se retiraba y se aplicaba a la viña y demás árboles. Hacía deliberadamente un preparado biodinámico? Que él supiera, no. De esta sabiduría telúrica Miguel está bien alimentado y también tiene claro que quiere el mejor resultado, vinos de beber, sin defectos ni extravagancias. Dispone del conocimiento técnico y la sensibilidad para no aplicarlo
La conversa con Miguel recorrió asuntos como las culturas del territorio y políticas y cuestiones que derivan claramente de la idiosincracia gallega. Una parte de ésta se vincula con este minifundio mental, con problemas para querer y quererse. Pero sentidos desde afuera, como es mi caso, siento que son gente que domina y ama su territorio y tiene una preciosa capacidad para contarlo y enamorarte. La cadencia del cuento es como de lamento…el blues del gallego sangrante.
Discurríamos por estos asuntos de almas en pena catando cosas que sin embargo no hacían más que tenernos contentos cuando el encuentro se interrumpe abrupto, al abrir la puerta un hombre veterano y fuerte, hecho un torbellino, sudado y engrasado, claramente preocupado. “Vamos Miguel, acompáñame que se me ha roto el tractor!”
Todo un carácter el Sr Alfonso y también su hijo. Y así son sus vinos.

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Xico o de Mandín

Ola de calor alerta rojo shocking en pleno julio gallego. Nos dirigimos con Marina Cruces y Antonio Portela a Verín uno de los municipios más tórridos de España. En la frontera con Portugal, na raia, en un pueblo muy pequeño y en progresivo deshabite, Mandín, nos espera Xico, o produtor de Couto Mixto, sousón, caiño y mencía; qué más si lo que quiere es que su vino exprese su “tierra”. El terroir de Xico está hecho de tierra de yistos como pizarra, variedades autóctonas, fronteras que de tan próximas se desdibujan, y frustraciones, no “poder ser galego” en un Estado independiente del reino de España. Es menudo, tiene la piel curtida de un color marrón brillante envidiable, la mirada sostenida, la voz firme y serena, la barba tupida, cana y lacia.
La Taberna do Xico está empapelada de fotos del Che, de fotos de amigos, de viñetas políticamente incorrectas, de pegatinas de Galiza independente. Mientras, suena la poesía resistente de Zeca Afonso y él la canta, más bien murmura. Fuimos calentando el pico con el vino “operario” que mete en bib y entra que no hace falta más. Saca embutidos de cosecha propia y corta un pan buenísimo.
Xico es filho de netos, porque sus padres migraron a Alemania siendo él muy pequeño. Quiere recuperar un tiempo más lento y sencillo, como antes, para obtener lo quiere sin trabajar tanto, lo que quiere decir, según él, observar más que intervenir.
Cuando pudimos caminar sin morir de calor nos fuimos a la bodega. Tanques pequeños de inox y un lagar donde pisa la uva todavía. Nada de madera. Catamos. Xico busca y busca frescura. El clima tórrido puede complicarle la existencia, pero ya el 2012 está macerado con raspón y se nota la diferencia. No es como un crío experimentando. Time is on his side o como diría él o tempo é de seu costado. Aprendí hace un tiempo a reconocer la sencillez en la cocina y en el vino como un atributo no buscado por parte del creador que provoca las experiencias más agradables y también serenas, sin que se note el ego prácticamente. Es nuestra experiencia la que prevalece sobre su creación. Y así fue en el caso de Xico. La tarde se hizo noche sobre las 23:00 horas. Bebíamos suave y sostenido bajo la parra del alero de la Taberna. Porqué no se quedan? nos insistió, aunque no tuvo que hacer mucho esfuerzo. Quedámonos en el albergue que tiene siempre listo para los que pasamos y caemos bien. Es el Bár-Cenas, con especialidad en chourizos, una manera de recordarnos con ironía una parte de la realidad que existe y de tener la mirada más allá del borde de nuestros vasos de vino. Graciñas Xico!

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Rip Tony Gandolfini Soprano

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No sé quién se murió de un infarto esta mañana en Roma. No sé si fue el actor James Gandolfini o su personaje Tony Soprano. ¿Por qué tengo que elegir? Si pudiera los revivía, a los dos. Pero han muerto ambos; la tragedia es doblemente infinita.

Corría el año 1999, la tele cable había llegado a Uruguay y el chorro infinito de series y programas gringos de toda índole era adictivo. Nos enamoramos perdidamente sobre todo de una cadena, HBO y de cómo nos envolvía con las voces aterciopeladas de sus locutores, especialmente uno, venezolano, cuyo nombre no logro recordar. La dinámica era perfecta. Se emitían los capítulos originales una o dos veces por semana y el sábado, en prime time, partida doble. Cada uno en su casa, con la artillería pesada, chivitos, papas fritas, coca cola, una botella de vino, la bandeja de llevar comida a la cama, el teléfono apoyado en la mesita de luz (noche), y un ritmo cardíaco que aumentaba a medida que se acercaban las nueve de la noche. Cada uno en sus puestos. Mi madre, mi tío Alberto y yo. Y más de medio Montevideo. En cada tanda nos llamábamos para comentar la jugada más de una vez llorando, emocionados, ya sea por una situación en particular que desafiaba la seguridad de la vida de nuestros “héroes”, ya sea por la calidad, por la belleza, por la profundidad, porque sabíamos que asistíamos a una empresa homérica del siglo xx.

Los Soprano marcó un antes y un después en nuestras vidas. Les perdonamos todo, como le perdonamos a Michael Corleone haber matado a Freddo. Nos envolvieron, nos dieron un sentido para nuestras vidas del viernes y el sábado por la noche y nos dejaron mensajes importantes. Cuántas veces repetimos la máxima de Tony de que en realidad no hay que calentarse con los negocios, con la guita, porque después de todo it’s just business.
Pero también esta serie significó un cambio cultural de dimensiones inimaginables en aquel momento. Los Soprano son el pistoletazo de largada de la cultura de series con mayúsculas. Dignificaron el género, nos dieron otros motivos de conversación, re orientaron nuestra vida social. Nos dieron la oportunidad, a los que nos dejamos y a los que lo niegan a rabiar, de extendernos en un diván y analizar nuestras relaciones más íntimas y tormentosas.
La relación entre Tony Soprano y su madre Livia, interpretada por Nancy Marchant, está a la altura de los clásicos; la bipolaridad moral de Carmela Soprano, que mientras reza se folla al cura y mientras educa a sus hijos para que tengan una vida digna abre columnas fake en su mansión, donde esconde Kaláshnikovs, granadas de mano y fajos de dinero; la frustración criminal del tío, uncle Jun, eterno segundón, incapaz de construir principio de autoridad y por tanto arrastrado por los cantos de sirena a decisiones torpes.

Como los Corleone de Coppola los Soprano de David Chase se nos metieron bajo la piel, no queríamos que los pillaran, no queríamos que se mataran, sufrimos con Tony la decisión de eliminar a Christopher y se nos quedó el fuelle sin resuello con el cierre al vacío del último segundo del último capítulo de la serie.

Hoy, aquel vacío, aquellas dudas, aquel vivir en vilo porque no sabíamos qué iba a hacer aquel tipo dudoso que entraba al baño, hoy toda sombra de duda queda disipada. Tony ha muerto de un infarto en Roma mientras disfrutaba de unas vacaciones.

Ya no saldrá por aquella puerta, ya no visitará a la Dra. Melfi, ya no sufrirá más ataques de pánico. Prefiero pensarlo uniéndose a la familia de patos que una vez le abandonó, volando en paz.

Rip Tony Gandolfini Soprano.
Salut!