As Furnias, como bailar en una baldosa

Juan González, As Furnias

Juan González Arjones, de 29 años, es hijo de Ovidio y de Rosa, dos activistas comprometidos con su entorno tanto natural como social, emprendedores junto con él del proyecto As Furnias; y es hermano de Aitor, intelectual y poeta afincado en Centroamércia.
Es delgado, algo desgarbado, elegante plus, pura fibra. Tiene la voz profunda, habla rápido y con esa cadencia galega que te seduce entre expresiones de morriña y humor salvaje.
Se formó en A Granxa, la escuela de viticultura y enología de aquella parte del territorio gallego, de la que su nombre y el de algunos compañeros de generación empiezan a sonar en el mundo del vino.  Trabajó un tiempo corto en Coto de Gomaríz con Xosé Lois Sebio, pero enseguida se fue a Piemonte, donde recaló 4 años. Trabajó duro, aprendió a hacer vino, encontró fuentes de inspiración, bebió todo lo necesario, volvió y se metió de lleno en su proyecto.

AsFurnias etiqueta

As Furnias está hecho a partir de brancellao, sousón, caíño longo y espadeiro, variedades tintas típicas gallegas de la zona de Crecente, en el Condado del Tea, al borde del río Miño cuando se vuelve frontera con Portugal. Las uvas vienen de la finca As Furnias, propiedad de la familia, que está partida en tres cachos por dos caminos, y de cuatro fincas de viticultores con los que Juan colabora, Canda, Serodio, Alicia&Leo y Sela.
Por su coupage el vino es único en toda la región. Cada variedad aporta algo diferente y requiere atención, especialmente la espadeiro que utiliza a pesar de lo delicada y frágil que es porque le aporta frescura, afila el vino, dice Juan, produce una explosión contenida de cereza crujiente.
Sorprende y emociona, te das cuenta que todo es cuestión de tiempo, intuyes profundidad en la riqueza y la honestidad aromática y de sabores.
Huele a la humedad del suelo, del sotobosque gallego de helechos, hierbas, matorrales y hongos, que crecen a la sombra de los tan amados como detestados eucaliptos; huele a los mentoles aportados sobre todo por la caíño longo y las especias de la sousón. Tiene una acidez fantástica, que le augura larga vida.
En la añada 2010 hay algo de barrica muy usada, en las otras dos no. Siempre usa raspón, aunque en diferentes proporciones según el año, y en la 2012, le agregó un toquecito de uva que pacificó, para darle una terminación, aportar en estructura y por curiosidad.*
Mientras trabaja en otra bodega jornadas intensivas y extensivas, va pensando el vino que quiere hacer, por ahora en el garage de abajo de la casa de los padres, no más de 20 metros cuadrados, 3 tanques pequeños y un fluorescente para matar insectos. No hay barricas.

AsFurnias bodega disco dance

A esto me refiero con bailar en una baldosa, apretado de recursos, de espacio y de tiempo, sin apoyo institucional, Juan está sobrado de talento y cada vez más, de reconocimiento. Porque así, en estas condiciones, pasa que cuando abres una botella, que está apretada, y le dejas pasar un buen rato oxigenando, sale un abrazo envolvente que me recuerda por original y creativo a Cyril Fhal. Pero también a los vinos que traen Isabelle Brunet y Vincent Pousson de Corbières y de Minervois, la austeridad expresiva compleja y a la vez less is more del vino del sur de Francia y al Bastardo que hace Rita Marques en el Douro superior. O, como exclamó Rafa Peña, exquisito catador y cocinero, al probar su añada 2010 ¡esto es la Borgoña en Galicia, joder!**

Pues bien, este vino que está hecho con amor y conocimiento por la tierra y por las variedades y que tiene un porqué, es decir que está pensado desde las viñas y cuidado hasta el embotellado (Viño tinto tradicional elaborado sen aditivos nin filtrados polo que pode crear pousos. Recoméndase conservar deitado e mover con coidado, reza la etiqueta); este vino que despierta admiración de conocedores; que se exporta a Londres y Nueva York, que se vende en los mejores restaurantes de Cataluña como Villa Mas, Gresca o Rasoterra no está bendecido por el comité de cata de la D.O. Rías Biaxas. Y no es que al productor le interese particularmente. Es caro y el apoyo, relativo cuando no nulo o contraproducente. La injusticia está en que no puede poner variedades, ni añada, ni procedencia. ¿Será sólo una cuestión de ¿burocracia? como se pregunta Víctor de la Serna a propósito de los derroteros erráticos de estas instituciones cuya credibilidad y prestigio caen en picada?
Vino y viñerón tienen estructura, juventud, un presente exigido y un futuro revolucionario.
Y sobre todo, tienen ese no sé qué, que te estruja el corazón, igual que cuando te dejas llevar, apretadito, bailando en una baldosa.

* Este coupage será sólo para la añada 2012. Da un trabajo de locos y es costoso.
** (Off the record, le conseguí un puñadito de ejemplares del 2010 -agotado- que intentó vender pero no pudo. Me dijo, “Male, abrí una botella para unos clientes y no pude más; me tengo que quedar con el resto para mi”…)

Roma y un amor en primavera

Mi vuelta romana, cuando se trata de 3 días, es de reconocimiento de los sitios que me conmueven y lo harán siempre. El Pantheon di Agrippa, Campo dei Fiori y Santa Maria in Trastevere. Esta última, por la experiencia clandestina de descubrir a Caravaggio y el éxtasis de de la beata Ludovica Albertoni, hecho por Gian Lorenzo Bernini y oculto en la pequeña y desastrada parroquia de San Francesco a Ripa, consagrada al culto de Francisco de Asis. En tiempos, espero que sin retorno, la Iglesia Católica los exilió en templos apartados, conscientes del valor artístico pero incapacitados para sobreponerse al esquema culposo del placer como pecado.
Yo pecadora confesa, no viajo sin consultar primero a mis oráculos por el buen comer y beber; he tenido ya suficientes decepciones.
Joan, voy a Roma, ¿dónde como? Il Goccetto vino e olio, via Banchi Vecchi 14. Estaba a 4 o 5 calles. ¡Vamos!


ll Goccetto, ocupa, desde 1983, una de las esquinas del palazzeto del Vescovo di Cervia (1527, inacabado) . Es pequeño, con dos o tres escalones en la entrada, una barra corta con una nevera donde exhiben alcachofas a la romana, boquerones en vinagre, embutidos, quesos, olivas, todos productos locales y artesanos. Las paredes, de unos 4 metros de alto, están forradas de estanterías con botellas vino, de las más de 800 referencias que en el correr de los años van incorporando. Los techos, encasetonados de madera, probablemente originales, están apuntalados por dos grandes vigas de hierro y sostienen unos ventiladores de 3 aspas cortas, que mueven el aire de todos los tiempos. En la entrada los parroquianos te dan la bienvenida.
Al principio nos sentamos en un rincón al lado del baño. Íbamos a ser 4. Esperando abrimos una botella de vino blanco, Poggio della Costa, imbottigliato por Sergio Mottura y una mesa en la entrada quedó libre. ¿Podemos cambiarnos? ¡Claro!
Nos sentamos alrededor de una mesita redonda de mármol que no haría más de medio metro de diámetro. De frente, la entrada y la pequeña barra, en mi espalda, Foradori. Nada malo podía suceder.
Éramos 4 uruguayos, dos residentes en Roma, dos en Barcelona, una muy aficionada al vino. Íbamos bebiendo y haciendo base sólida. Con Claudio mirábamos la planta propiamente del lugar y era inevitable comentar que si ese sitio estuviera en Barcelona, por normativa, les hubieran obligado a forrar todo de material ignífugo, ¡incluidos los techos de hace 5 siglos! Se ve que el tono de voz subía, que el vino nos había colocado en estado de eucrasia, cuando uno de estos parroquianos sentados ya en la barra, miró con aire entre pícaro y admirado y dijo ¡ah Uruguay, vuestro presidente!
Resulta que, a la sazón, uno de los nuestros, era el embajador Uruguayo en Italia, cosa que, en la discreta escala rioplatense, se vive con naturalidad y ninguna pompa, pero dio pie a que ese hombre al borde de los 60 años, de melena blanca y despeinada, algo pasado de peso por una vida bien vivida y mirada azul profundo, hablara de su idea del Pepe Mujica, el presidente superstar. Y la tertulia se armó. Estábamos cerrando el boliche y ya se podía fumar y hablar fuerte sin molestar a nadie, por seguir, por ejemplo, una divertida provocación sobre la variedad Tannat o los matices por la comparación entre Mujica y Perón que detonó una reflexión filosófico política muy interesante y un repaso por la historia política italiana que revelaba implicación, compromiso, toma de partido, intensidad. Éramos desconocidos cayendo en la intimidad.

No nos queríamos ir. Ninguno. Deseábamos desesperadamente quedarnos adheridos a ese momento pasional. Abrazarnos para siempre en esa plenitud. Estábamos tocando la vida, su secreto más profundo, lo sabíamos, conscientes que la condición sine qua non de la felicidad es que es corta y se acaba. Y se acabó. Pero nos fuimos en busca de más. Avidez. Deseo. Roma a través del ojo de la cerradura. Colas para mirar attraverso Il buco. Y el recuerdo inmediato de La grande bellezza, cuando su protagonista intemporal, carnal, colorido, elegante, seductor, vital, amante experimentado, puede abrir esa puerta y acceder a lo prohibido… ¡Qué maravilla! También somos fantasía. ¡Qué gozada poder imaginar esas vidas y darles materia aunque sea de película!
La tarde estaba preciosa, Roma olía a jazmines, el color del aire era medio rojizo y su aspecto algo brumoso. Volvíamos los cuatro a casa de mi tío Alberto, a la sazón el embajador uruguayo en Italia, todavía saboreando aquella giornata molto particolare. Yo, que para los placeres de la vida soy insaciable, volvía sobre Il Goccetto, pensaba en aquel tipo tan intenso, había un imán que tiraba, cuando mi tío me dice, Malenita! Sabés quién es ese loco?! No, ¿quién es? Se llama Umberto Contarello y es el guionista de La grande bellezza… Pah! Cerrá y vamos!

Alberto y Umberto en Il goccetto

Pasado el impacto y el tiempo me siento a repasar las imágenes y escribir como buenamente puedo esta historia que siento merece ser compartida y me pregunto si hubiera sido así de no haberme apasionado por el vino sus creadores sus servidores y sus amantes en un día exacto del cual todavía tengo el recuerdo.

¡Baci per tutti!

 

 

 

 

 

Casa de Mouraz, ¡uma surpresa muito engraçada!

Goliardos1

Llegamos con Marina Cruces desde Lisboa donde habíamos estado en la celebración del Festival Europeu do Terroir. El fin de semana había sido intenso, agotador.
Luego de una última noche de botellas que se abrían para que el tiempo compartido no acabara nunca, despertamos y recogimos nuestros huesos para partir en dirección Dão, 3 horas norte, donde nos esperaba la familia de Casa de Mouraz, Antonio, Sara, Antonio Jr y Jorge. Habíamos discutido con mi compañera de ruta si venir o no. En Lisboa dejábamos atrás un plan tentador, una visita única organizada por Os Goliardos, a la zona de Collares y la cata de sus vinos más preciados. La cosa se zanjó con la decisión de partir. ¡Y estuvo fantástica!

Collares

Nunca sabes qué va a pasar en este tipo de encuentro. La energía puede fluir o no. Y en este caso fluyó de manera serena, los movimientos eran lentos por el calor, por la cantidad de información a compartir y por la fuerza tranquila que, se ve caracteriza a Antonio Lopes Ribeiro. Bajo techo, al fresco de la pequeña y provisoria bodega, abrió las botellas de cada región donde hacen vino, Alentejo, Douro, Dão y Vinho Verde, mientras contaban sus características específicas y la tipicidad de cada casta. Antonio lo tiene muy claro, de cada región vinos que la representen. Para eso se han de dominar variedades, tipo de suelo, clima, comprender el territorio.

Nació en Mouraz, en la primera planta de la casa de sus padres. Abajo estaba la bodega, así que no es exagerado decir que fue parido por gravedad en una cuba. Desde los 16 años tiene claro que su vida la iba a dedicar al vino, pero estudió Derecho en Lisboa, algo convencional que no tuviera que explicar. En ese tiempo, fundó con otros colegas la revista Ópio arte e cultura, donde escribía sobre danza, y así fue como se conocieron con Sara, socióloga especializada en el mundo de la cultura y el baile. Pero el vino tiraba más. Así que dejaron aquel proyecto en buenas manos y se vinieron a Dão, a Mouraz, freguesía de Tondela, para hacer lo que Antonio siempre quiso.
Aquí nadie sacrificó nada. Sara no es la mujer que lo deja todo para seguir a su marido. Es una pieza clave en esta empresa de dos adultos y dos pequeños, que ya experimentan en la mesa, mezclando culitos de vinos catados, con agua mineral, con los caramelos que vienen con el café. En fin, no es que sea para patentarlo pero si para anotar una tendencia, una actividad incorporada desde la cuna, la intuición de un proceso creativo del que quieren ser parte y ya lo son.

Casa-de-Mouraz-familia

Dominan 20 hectáreas de las cuales las de Dão son en propiedad y las otras las alquilan o compran la uva a viticultores que conocen y controlan la manera de criar la fruta. Fueron los primeros de la región en trabajar orgánico y son de la primera generación de productores portugueses del norte que participaron de la formación en Biodinámica con Daniel Noël allá por el año 2000. Son tipos cultos, con una capacidad de análisis sobre lo que pasa con la actividad agrícola, de las amenazas que comportan los modelos extensivos por un lado y especulativos por otro. E intentan ser un cortafuego ante el peligro. Van comprando, alquilando, salvando como pueden (no son ricos), sobre todo los viñedos acechados por la plantación de eucaliptos. Árbol lindo de ver, que regala aromas proustianos, pero aniquila la tierra donde crece, dejándola estéril, alterando para siempre su ph. Los eucaliptos se plantan para obtener pasta de papel del que Portugal es el primer productor europeo.

Casa de Mouraz es parte de este nuevo paradigma del vino portugués del que habla otro activista, João Roseira de Quinta do Infantado en Douro. Gente de una generación de los años 60 y 70 del siglo pasado, educada, sensible, con capacidad de tomar distancia de su propia circunstancia para ver el conjunto. Y desde el punto de vista creativo, buscan y logran hacer vinos de beber, provocadores, expresivos, con una conversación que no es de vinazos sino de vinos. Los que hacen Antonio y Sara, expresan modernidad y conocimiento, y además ¡están buenísimos! Porque podrían tener todo el componente atractivo resistente y ser imbebibles, o dejarte indiferente. Pero no, son vinos que hay que tener y beber. En casa, en tiendas, en restaurantes, a copas. Porque transmiten cultura del vino portugués, historia, presente y futuro de manera deliciosa. Y si además, quieres darte un paseo y vas a visitarlos, vuelves mejorado.

Me tocaron especialmente el que hacen en Vinho Verde, Air, de Loureiro que es la que manda, con toques de Albarinho y Arinto, en versión vertical 2010, 2011, 2012, 2103. Son vinos fresquísimos, en equilibrio exacto, limpios, cítricos con más o menos toques florales, de una acidez que asegura tiempo y habla por una tierra que es parte obligada de la civilización del vino. Son notables y complementarios de una posible conversación con los que hace o profesor Fernando Paiva como Mica o los de Quinta de Palmirinha, y los de Vasco Croft en Aphros.

Air y Elfa
Casa de Mouraz, que son sus vinos de Dão, tiene sus blancos y tintos de base, con el coupage desde la planta, con una mezcla importante de variedades, que tradicionalmente se plantaban todas juntas por una cuestión de supervivencia; las que tiraran para adelante, harían el vino del año. Tienen una entrada buena, de beber sin más.
Pero quiero declarar mi especial atención por dos vinos, el encruzado de Casa de Mouraz, contenido, aparece al rato, expresión delicada tanto en nariz como en boca, leve, aéreo. Y el Elfa, tinto, mezcla de 30 variedades, no todas con papeles, hecho con un amor impresionante, en tina de inox, sin paso por maderas. No fatiga la boca, entra, explota y cierra, con una calidad de malabarista del Cirque du Soleil.

Encrusado

Cierto que podríamos habernos quedado en Lisboa, pero a la luz de la emoción por el descubrimiento, podría decir también que aquel domingo 13 de Julio de 2014, estaba predestinado a conocer Casa de Mouraz. ¡Obrigada gente!

 

 

Vinho ao Vivo: Festival europeu do terroir

Vinho ao Vivo

Vinho ao vivo es un festival de vinos europeos de terroir que se hace este año por 5ª vez en Lisboa. En esta edición, 40 productores de España, Francia, Portugal, Italia, Austria, se encuentran durante dos días a orillas del Río Tejo, en el barrio de Belem, convocados por Os goliardos y el restaurante A Margem, para mostrar y celebrar vinos típicos de su tierra, hechos con “osadía, talento y épica”. Vamos a probarlos.

Vuelvo a la ruta, esta vez Lisboa que no conozco, de road movie con Marina Cruces, de cabotaje por el Atlántico, siguiendo la inercia de la Emoción dos viños, con la ilusión del descubrimiento y del reencuentro con los amigos. No hay nada más lindo. ¡El dios del vino es el viaje!