El que defiende y hace vinos naturales es porque tiene una actitud ante la vida. Probablemente es consciente por un lado que los recursos naturales son finitos y por otro que meterse según qué cosas en el cuerpo termina por hacernos mal. Pero también por ser fieles a un producto y a un modo de producir más sincronizado con la naturaleza.

El discurso ecológico ante la vida individual y colectiva va ganando cada vez más espacio y consideración en la mente de los usuarios finales de este sistema y para explicarlo podríamos encontrar motivos nobles y motivos perversos.
En el tema de los vinos creo que Nicolas Joly y Laureano Serres, entre tantos productores, tienen actitud y motivos nobles. Y creo que todo el sistema de marketing es perverso, cuando se hace cómplice para construir y permear un discurso por el cual hacernos sentir en armonía con el ambiente porque compramos X marca de automóvil. En este caso es el sistema el que ha incurrido en la más tóxica de las contradicciones: ha construido sus cimientos sobre industrias que liquidan nuestro hábitat más temprano que tarde.

Cuando se comienza por esta línea discursiva, se corre el riesgo de terminar en una actitud ludita, echando la culpa de todo al desarrollo científico técnico y a sus perversos manipuladores. Pero no es así. Hoy más que en ningún otro momento disponemos de la tecnología para superar estas tendencias destructivas. Sólo reconociendo y aliándonos con la tecnología podremos superar este momento de la Historia.
Esto es lo que plantea Bruce Sterling desde Shaping Things, un libro en el que habla sobre la interacción de los objetos creados con el ambiente, sobre sus consecuencias y sobre cómo superarlas aliando creatividad y tecnología. ¿En dónde comienza y en dónde termina nuestra responsabilidad con el ambiente?

Siguiendo el ejemplo de la botella de vino, ¿cómo nos relacionamos los amantes del vino con el vidrio, el papel, el modo en que fue producido lo que estamos incorporando en nuestro cuerpo, los aditivos químicos, las levaduras, las condiciones laborales de los agricultores, etc?
En estos días vengo siguiendo un debate muy interesante en la D.O. Navarra promovido por sus enólogos. A partir de su propuesta, la blogsfera se hizo eco y la conversación se carga de valor minuto a minuto. Una de las preguntas que flotan en el ambiente es cómo pueden hacer las diferentes D.O. para favorecer el posicionamiento y la promoción de sus vinos, en todos los ámbitos. Y definitivamente la respuesta está sobre la mesa: aliando la creatividad de los productores con la tecnología con las nuevas herramientas sociales de comunicación. La fuerza que, hoy por hoy, puedan desplegar las D.O. para bien promocionar sus vinos es grande. Pero mirando hacia adelante, haciendo futurismo, ¿podríamos pensar en que la fuerza de estas “marcas” (D.O.) podrían ir abriendo paso a otras como “vinos naturales” por ejemplo?

¿Qué es lo que nos decantará a los amantes del vino hacia el consumo de un vino u otro? ¿Cómo es la relación de las nuevas generaciones consumidoras futuras amantes del vino con el ambiente, con su propia vida y con la tecnología?

Las D.O. tienen el presente asegurado en la promoción del vino en España, ¿y el futuro?
Vuelvo con la metáfora deportiva: hay momentos que indican parar la pelota, levantar la cabeza, ver cómo están dispuestos los jugadores en el terreno y a partir de allí crear la próxima jugada…

Gol triunfal uruguayo en la final del campeonato mundial de fútbol de 1950 en el estadio de Maracaná.