Mientras estamos con Claudio en Montevideo descorchando un vino blanco casi traslúcido, sauvignon blanc del 2008, de la bodega Giménez Méndez, de Las Brujas, Uruguay, convite de Fernando, Stefan Lismond me envía desde la BioFach de Nüremberg, esta respuesta a mi pregunta sobre cuáles entiende él como wine export manager que son los factores que se deben tener en cuenta para poder bien comunicar y vender vino en los mercados internacionales. Aquí os dejo sus reflexiones que considero un excelente aporte a para la búsqueda de nuevos caminos…

Vivimos en tiempos complicados. Como ‘export manager’ me encuentro entre el productor y el consumidor, y hay mucho camino. Estoy de acuerdo que cada vino tiene (debería tener) su personalidad, su historia, su gente.
Cada vino es único y esta compuesto con un ADN diferente como cada
persona, tal como Joan Milá ya decía de su vino ‘Heretat Navàs’.
Pero aunque hagamos el mejor vino del mundo si no llega al consumidor, qué sentido tiene? El éxito de cualquier vino está en la mesa, cuando se consume. Cada consumidor tiene su propia trayectoria, su propia educación, su propio registro de olfato y paladar. La responsabilidad de cada individuo es desarrollar su conocimiento, profundizar en lo que a él le gusta, el porqué, el como.

La cultura del vino ha penetrado en todos los grupos de consumidores. Desde el favorito ‘Chardonnay’ de ‘Sex in the City’, la copa de vino cuando llegas a casa después del trabajo, la botella que llevas a tu amiga cuando tiene mal de amores, hasta el regalo de navidad para tu padre cuando no sabes qué regalar.

Entre la globalización, la informatización y la comunicación virtual
vivimos en un mundo donde a veces parece que ya no hay humanos. Todo lo que somos, lo que tenemos es fruto de la humanidad. El mundo avanza, la ciencia se adelanta pero todo gracias a las personas.
La industria del vino no es diferente. Cada botella acabará en manos de su consumidor, si se vende. Y cómo se vende? Pues hay una palabra clave: la confianza. Alternativos hay un montón (hay miles y miles de vinos de diferentes procedencias y carácter en el mundo), pero el vino que acaba en tus manos es por que confías en tu amigo que te lo ha recomendado, en el artículo del periodista de tu periódico favorito, por la promoción de la bodega de la esquina, por muchas razones, pero siempre por la confianza que pones en otro humano que tiene un criterio aceptable para ti.
El éxito del negocio del vino está sobre todo basado en una buena
colaboración entre los profesionales del sector. Si el vino está bien
hecho la razón para encontrar un importador suele ser la filosofía que uno tiene y como lo transmite. Es más importante tener un concepto de negocio adecuado que tener un vino con 90 puntos Parker. Seriedad, profesionalismo a la hora de negociar. Puntualidad y detallista en el servicio. Y, last but not least, alegría, positivismo, ganas y motivación, todo con una ‘passión’ que invita a buscar juntos el éxito.