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Empanadas, vino de Gandesa, Paul y Lluis

En la calle Ample 51 de Barcelona, todos los viernes de manera litúrgica, nos sentamos a la mesa de Polenta. De las manos de Bernardo, Eva y Magatte salen unas empanadas de órdago, si no nos da por el generoso tempura o la ensalada de espinacas y queso de cabra.
La carne se le da bien a Bernardo. Será por la escuela rioplatense que se le coló en los fogones de su corazón. Le llaman bife pero es una entraña con todas sus letras. Un día comentó que tenía rabo de toro y ya nada fue igual.
De los postres, todos caseros, tema largo fue el del chajá. Postre típicamente uruguayo si lo hay, la versión de Bernardo es sorprendente, original y golosa aunque se parece poco al auténtico, el de la medallita. Sugerimos llamarlo falso chajá pero no nos tomaron muy en cuenta.

Desde hace muchos años un número de amigos variable pero siempre fiel, nos encontramos los viernes para comer y entre platos y copas mantener vivos los vínculos, además de intercambiar cantidad de contenidos de todo tipo. Los viernes son importantes. Lluis llama unas dos horas antes y ajustamos relojes, Paul se apunta cada vez que puede aunque ahora tiene clases a la hora de comer, Albert y Bea vienen cada vez menos aunque siempre están en la conversación. El lugar de estos encuentros es muy importante. Tiene que acogernos, tratarnos de amigos, aguantarnos todo y esperar al viernes para que vayamos. Hoy ese hogar del viernes a mediodía es Polenta y Bernardo, Eva y Magatte son nuestros amigos y cómplices.

Así que cuando quieran unirse a la fiesta de los viernes los esperamos a pasitos de correos en el corazón antiguo de la Ciutat Comtal.

Eva, Bernardo y Magatte de Polenta

Eva, Bernardo y Magatte através del cristal de la cocina