El curioso por el vino, el que no se siente experto pero disfruta del buen beber y el buen comer ha sido alejado del festín. La cosa se fue complicando y parece que para elegir una botella de vino hubiera que ser quien sabe qué erudito en la materia. Ya lo dijo Adriano a través de la pluma de Marguerite Yourcenar:

La pedantería de los catadores de vinos me impacienta… Me hubiera disgustado adherirme por completo a un sistema; no quería que un escrúpulo me privara del derecho de hartarme de embutidos, si por casualidad me venían las ganas o si este alimento era el único accesible.

Lo que está haciendo Joan al escribir ¿Qué es el vino natural? y dar sus respuestas es proponer un manifiesto de celebración de la individualidad y la libertad ante la copa de vino. La abolición total de los escrúpulos limitantes. Hilando las respuestas como perlas nos lleva con paso natural, sereno y equilibrado a reconsiderarnos soberanos absolutos frente a una experiencia que es rabiosamente personal, nos invita a recuperar el respeto por nuestras propias elecciones. Esto es la libertad absoluta del individuo, ser supremo ante si mismo y su copa. Por eso nos tranquiliza al decirnos que todo el vino es natural, pero los hay más naturales que otros.

joan y su copa de vino

Hay vinos que, en su proceso de producción, tienen un diálogo más directo con la naturaleza (con menos intermediarios, sobre todo químicos), que otros que intentan moderar ese diálogo con variadas interferencias. No es lo mismo estar sentado en el campo escuchando un mirlo que hacerlo a través de un ordenador con el que alguien, a conciencia, ha modificado ese canto original. Es cuestión de gustos: yo prefiero el campo y la menor interferencia posible. Al final, como siempre, quedará la persona ante la copa: beberá y decidirá si le gusta o no. Será un vino natural, claro, más o menos natural, también. La última palabra la tendrá, como siempre, el consumidor.

Es cierto como dice Joan que lo eco vende como antes o todavía una etiqueta clásica con dorados y medallitas. Hay quienes se sienten seguros eligiendo lo de siempre y hay quienes se sienten seguros eligiendo productos con los que se identifican en sentido vital. La sincronía con la naturaleza, la felicidad exultante por escuchar en al campo el canto del mirlo, no se restringe solamente al vino o a la comida, es una actitud que abarca cada vez más aspectos vitales y de convivencia. Coincido en que los productos naturales, incluidos los vinos, actualmente tienen un posicionamiento natural en el mercado que sería suicida dejar pasar. Como cierra Joan “esto no hay quien lo pare. ¿Nos vamos a quedar al margen?”