Carlos es el hijo francés de una familia de españoles migrantes en París. Tiene 49 años y hace 3 que vive en Madrid. Está en el negocio del vino desde toda la vida y dentro del movimiento del vino natural desde sus comienzos allá por el año 1981 en Francia. Fue “grosista” durante 30 años, lo que le permitió ser el protagonista de una road movie en donde se cuentan las historias de los padres de los primeros vinos naturales en Francia, como Marcel Lapierre o Philippe Pacalet entre otros. No para de nombrar personas y aventuras y en cierto modo no puede esconder una nostalgia serena por aquellos días de vino, experimentos y aventuras. Es seguidor incondicional de Le rouge et le blanc, la famosa publicación francesa sobre vino natural a la que apela para ir contándote y mostrándote a cada uno de los vignerons que nombra; es un invetigador pasional que muestra cada descubrimiento que hace como algo de lo que no puedes prescindir en la vida.
Comer y beber en La cave du petit es una experiencia intensa, por la calidad de los productos y la actitud salvaje de su anfitrión, que a veces se confunde con mal carácter. No es así, doy fe. Es un hombre pasional, que ama lo que hace y lo que vende y que no espera de otros ni de si mismo que nos guste todo en la vida. Con respeto, trabaja en un oficio muy complicado que combina atender al público mientras explica un producto que requiere tiempo como el vino natural. Pero antes de abrir una botella a un cliente, le advierte que está a punto de vivir una experiencia intensa, rara. Lo imagino gruñendo, cómo no, pero también me imagino perdonándolo.
Cocina su mujer, cuyo nombre permanece en el misterio para mi y no está mal, y lo hace de maravillas. Empanadillas de berenjenas con queso fundido, tarrinas de patés de olivas con pepitas de mostaza o curry, orejas de cerdo que directamente te conetcan con el paraíso y unos dulces que van del más puro chocolate a una tarta tibia de manzanas, un trozo de nata fría y una galleta hecha con mucha mantequilla que te pueden hacer perder los papeles y encontrar argumentos para repetir.
La cave du petit es la única tienda y bar de vinos naturales en Madrid y como el mismo Carlos dice hacen falta más y más acciones de promoción, porque hay curiosos amantes del vino que quieren saber y beber más.
Los medios de comunicación demuestran cada vez más interés por propuestas como estas, los amantes del vino se acercan curiosos por lo que puedan descubrir aquí y más de uno llega con la intención de llevarse algo para sorprender al suegro, a un amigo o a un descreído. El promedio de edad de los clientes de Carlos es de 35 años, los jóvenes madrileños no son amantes del vino salvaje, dice, mientras descarta una botella ahora vacía de un licor que compró hace un año cuando inauguró el local.
Por su ubicación podemos pensar que está fuera de circuitos turísticos y es cierto; pero esto te da la posibilidad después de una cena opípara, de caminar unas calles tranquilas para dar tiempo y espacio en nuestro cuerpo a una experiencia gastronómica y vinícola intensa, física, espiritual.

Después de la experiencia inmejorable de una noche de fines de verano en un Madrid más hambriento de otoño que nostálgico de buen tiempo, me fui a visitar a Carlos, esta vez con la intención de poder presentarlo tal cual es, en estado salvaje, como los vinos que ama, promociona, vende y comunica en medio de sonidos y gestos que lo hacen totalmente personal y único.