Albarino-2008No es la primera vez que hacemos esta pregunta. Y no será la última. Y será cada vez más recurrente en la medida en que el debate medioambiental prospere y los consumidores tomen por norma leer las etiquetas para saber lo que entra en su cuerpo. Y esto no debe ser sólo tenido en cuenta en la comida de los bebés. Debe serlo en todo lo que podamos abarcar sin caer en la locura. Como cita José F. Alcántara, versvs, en su libro La sociedad de control. Privacidad, propiedad intelectual y el futuro de la libertad, a Edward E. Hale:
Soy tan sólo uno, pero aún soy uno; no puedo hacerlo todo, pero aún puedo hacer algo; y tan sólo porque no puedo hacerlo todo no rechazaré hacer eso que puedo hacer.
Los lectores de este blog saben de nuestra promoción, defensa y trabajo a favor de los vinos naturales. Pero esto no nos enceguece o eso procuramos. Por eso a la hora de hablar de etiquetas, no tenemos más remedio que ser críticos y pedir coherencia, extensiva al sector del vino en general, por supuesto.
Cualquier seguidor del mundo del vino natural, sabe de las excentricidades en las que pueden caer sus productores. Yo diría que existe una cierta rebeldía por la cual se le reclama a “los otros” lo que no se aplica para si. Me explico: los productores de vino natural por lo menos a nivel mediterráneo (Francia, Italia y España) no dicen absolutamente nada del vino que hay dentro de la botella. En algunos casos podemos enterarnos de las variedades y en ninguno sabemos qué hay dentro, más allá que alguno diga que no contiene sulfitos o que los contiene en grado mínimo. Es preciso tomar en cuenta que la etiqueta es el punto de referencia del amante del vino y del que cuida lo que consume por razones de salud y por saber cómo ha sido su proceso de producción, distribución, etc. Me parece que si se reclama la transparencia al productor que trabaja agregando agentes externos en su vino, sean tóxicos o no, se debería predicar con el ejemplo y decir algo más y si se me permite de modo más bello que lo que se está comunicando ahora. Y no vale decir que el que esté interesado pregunte. Resulta una actitud soberbia.
Mientras pensaba en todo esto, decidí traspasar la pregunta a versvs, por químico y por ciberactivista en favor de la libertad de información. Y su respuesta no deja lugar a dudas: TODAS, con mayúsculas que pasa a explicar, estableciendo grados de exigencia a la hora de comprar por parte del cliente, y dice:

– siempre que compramos un producto, a menos que nos guste comprar cajas negras, escogemos lo que compramos. En general, nuestro dinero y nuestra compra no son más que un apretón de manos en el mejor caso o un simple reconocimiento a la labor bien hecha (¿buena calidad? ¿buenos ingredientes?) en el más frío. Ya sólo por eso la etiqueta debería ser lo más completa posibleSi vamos hasta los productos «naturales», entre ellos el vino, la labor de esta etiqueta es aún más crítica. De natural, el comprador de productos naturales/ecológicos/ponlenombre es más exigente, y más detallista. Le gusta saber en qué se gasta la pasta y le gusta tan poco como a los demás mendigar la información que reclama: quiere la información, no quiere pedirla de rodillas, como bien dices tú sobre la soberbia de «el que quiera saber que pregunte». Para cuando tú esperes la pregunta yo habré cogido, casi seguro, otro vino natural con etiqueta (bueno, con etiqueta y cuya etiqueta me satisfaga).
Si el cliente es más exigente, hay que subirle la apuesta y darle la composición del vino y, siempre que sea posible, la traza del producto.

Leo en el Organic Wine Journal, que el famoso productor y próspero empresario norteamericano, Randall Graham, está cumpliendo con su promesa de hace algunos meses y comienza a etiquetar su vino con información sobre lo que contienen, como por ejemplo ácido tartárico, chips de madera sin tostar y sulfitos de cobre. Sé que hay quienes pueden caer de inmediato en la trampa de las palabras antedichas. Como le agrega estas cosas no tiene nada que ver con vino natural, bio o ecológico. Pero esto sería una trampa al solitario. El asunto es tener en cuenta el camino hacia la absoluta transparencia, porque será una gran guía para el consumidor que sabrá reconocer y premiar.

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