El viaje: vistas y visiones

IMG_6398-1

Para llegar desde el aeropuerto de Málaga hasta las cumbres en donde se encuentran la finca y los viñedos de Barranco Oscuro hay que pasar por innumerables e inclasificables urbanizaciones y miles de hectáreas de invernaderos, los malamente famosos mares de plástico que inundan las tierras de Almería y Granada. Lejos de ser un fracaso esto se vive como un éxito, nos dice Lorenzo Valenzuela, mientras oteamos desde sus viñas viejas de garnacha ubicadas a casi 1400 metros de altura, el Mulhacén, una de las montañas más altas de la península.
Los invernaderos de El Ejido y las zonas aledañas generan trabajo e inflan los números hasta poder decir que es la zona de España de mayor renta per capita, sin embargo esconden al que no lo quiere ver, una de las situaciones de miseria humana y prácticas de agricultura insostenible, más salvajes de Europa.

El viaje entonces hasta Barranco Oscuro va desde el nivel del mar urbanizado y corrompido, pasa por los mares de plástico insostenibles y llega hasta donde se puede respirar una práctica de la vitivinicultura singular y de pago de la que se obtienen algunos de los vinos más respetados dentro y fuera de las fronteras españolas.

Barranco Oscuro: viticultura artesana, rigurosa, poética

IMG_6399El rigor y el orgullo coherente por esta manera de vivir y producir, se desprende de cada palabra de la conversación con Lorenzo Valenzuela, pero también con su mujer Luisa y su padre Manuel, artesano y poeta del vino.

“Tengo una garnacha alucinante escondida allá abajo, entre tales y cuales botellas”, dijo como a las 7 de la tarde, cuando ya era noche y comenzábamos a levantar los bártulos. Imposible. Se fue al escondite, trajo el preciado tesoro y lo abrió sólo con la sonrisa pícara y la mirada cómplice.

IMG_6505

Fue el remate a una jornada mágica que nos abrió el apetito paseando entre viñedos de pinot noir, vijiriega y tempranillo; fue alimentada por un salmorejo y un potaje de lentejas que preparó Lorenzo que es gran cocinero y anfitrión y fue regada por sus vinos buenos, resultado del trabajo artesano, respetuoso con la naturaleza y exquisito. Se había consumado un ciclo perfecto.

Vinos Auténticos: la distribución personalizada y responsable

IMG_6484

En el correr de la conversación hablamos con Lorenzo de la práctica de la viticultura en pequeñas extensiones que rinde para unas 30000 botellas al año y que entre él y Luisa venden con amor y mimo desde Vinos Auténticos, la distribuidora que han creado con la clara consciencia y la experiencia de que el cuidado y seguimiento de la promoción y la venta de sus vinos, es un factor clave para el éxito o el fracaso de la empresa.

Desde Vinos Auténticos distribuyen el vino de vitivinicultores que tienen en común una filosofía de trabajo que tiene que ver con el uso de variedades autóctonas, el conocimiento y aprovechamiento de la tierra que laboran, la menor o nula intervención de agentes externos o químicos tanto en la planta como en el proceso de elaboración y embotellado del vino.

Gracias a este trabajo, el esfuerzo de estos viticultores, se puede apreciar y cobra existencia en una amplia zona de Andalucía. Tuve la posibilidad de constatarlo durante mi visita a Granada, en donde te encuentras no con los vinos de Barranco Oscuro, sino con los de Vinos Auténticos. Por lo tanto al tomar una tapa en Al sur de Granada, al cenar en Páprika y al recorrer tantos otros lugares, la presencia de estos vinos es una constante.

Si tuviéramos que formar opinión sobre la aceptación por parte de amplios sectores profesionales y amantes amateur del vino natural en función de la experiencia andaluza y granadina, diríamos que la sed aumenta en relación directamente proporcional con el trabajo de difusión, promoción y distribución, y la constancia en su seguimiento. Con una actitud abierta y de conversación y por supuesto y en primerísimo lugar con la calidad de lo que se hace y se ofrece.