Supongo que todos podemos recordar aquello que cantábamos de pequeños y que seguramente muchos de vosotros, padres hoy, siguen cantando con sus hijos.

Un elefante se balanceaba sobre la tela de una araña,
como veía que resistía fue a llamar a otro elefante…
Dos elefantes se balanceaban…
y así hasta que se formaba un verdadero equipo de elefantes acróbatas balanceándose sobre la tela resistente de una araña.

Sustituyamos ahora la figura del elefante por la del “viñerón” y la tela de araña por Internet y llegaremos a cantar el himno del “viñerón” inteligente, que descubre en la unión con otros y en el movimiento armónico y constante en la Red, la grandiosa oportunidad de mostrarse, de estar al alcance de sus clientes, de abrir oportunidades creativas de negocio, etc.

No se si fue por el Gran Wyoming o porque los vinos me sentaron realmente bien y no tuve resaca o probablemente por la mezcla de ambas, que salí de Tast amb Llops tarareando esta canción infantil. Porque en este caso era la representación casi completa de la idea: un grupo de creadores de vino de calidad sin prácticamente intervención de productos exógenos ni en viñedos ni en bodega, conscientes del terroir con el que trabajan y las maravillas que pueden hacer con él y también conscientes de la importancia de comunicarlo.
Croquetitas pasandoA mi ya no se me olvidarán. Me encantó, por ejemplo, la conversación con Sara Perez (¿a dónde te enlazo, Sara?) y su pasión porque seguramente es la misma con la que hace sus vinos. Maestra describiendo el proceso, tan riesgoso como vital, de hacer el vino de manera natural, con su cara toda ojos te dice mira yo hago el vino así porque es vida, este es el camino en que me siento creadora y orgullosa.
Otro tanto puede decirse de Fredi Torres, alma mater de Tast amb Llops con quien al conocernos nos abrazamos como si fuéramos amigos de toda la vida.

¡Quiero estos vinos en mi vida! Porque conocí a sus “viñerón”, hablé con ellos y hasta fui testigo del bautismo de uno de ellos: el “Cañarets”, que así se llamará el vino “del norte” de Sao del Coster, a sugerencia aceptada de Joan.
Estaban el vino y sus “viñerón”, el aperitivo exquisito del restaurante Cal Llop, la fiesta del Gran Wyoming y el entorno inmejorable de uno de los paisajes del vino más impactantes del mundo, el del Priorat. Por no faltar, no faltaban ni los abejarucos, pájaros de buen augurio, recién llegados de África, detectados por Joan y Marta.

Lo ideal sería poder mantener este contacto con los “lobos” del vino. Poder decirle a mi buscador “Tast amb Llops” y encontrar una página con un histórico de las ediciones anteriores, con noticias sobre las bodegas y sus procesos de creación. La tendría entre mis favoritos y hasta pensaría en comprarles online porque ya los conozco.

Los “viñerón” que provocan este tipo de encuentro son los que están haciendo lo que hay que hacer en materia de buscar el encuentro con los amantes de sus vinos.
Y no es que lo diga yo o tantos otros en dominio público. No, lo dicen los “expertos” en foros de pago.

“Las generaciones jóvenes son el futuro en la venta de vino de calidad”, es lo que vienen a decir Bruce Tyrrell, Mondavi y otros tantos pesos pesados en el Fine Wine 2010.  El futuro del mercado del vino de calidad está en manos de las generaciones jóvenes que dominan Internet, que quieren conocer al “viñerón” en persona y que estará más dispuestas a comprar directo a la bodega.

El punto sin retorno en la cultura del vino se aproxima de manera inexorable y una vez más está en manos de los productores decidir en donde quieren estar jugando este partido, si en la cancha o mirando desde el banquillo.

Salut a los “lobos” del vino y a todos los “viñerón” que logran hacer fuertes sus puntos de encuentro y salen a jugar en equipo.