Debo ser sincera. No tengo buenos sentimientos hacia el turista. Pero esto tiene una explicación. Vivo en Barcelona, una de las máximas atracciones turísticas del mundo. Todos quieren venir a Barcelona. Y gracias a las estrategias insostenibles del turismo low cost, vivo en un basural, ruidoso, sucio, en donde prosperan los lateros, el trapicheo, y los robos oportunistas cada vez más violentos y a plena luz del día.

La única vez, que yo recuerde que fui turista, fue justamente porque me regalaron una salida de enoturismo. Alquilé un coche y me fui a La Rioja. La casa de turismo rural era buena. Estaba ubicada fantásticamente al lado del monatserio de Yuso. Visité la Bodegas Darien. Una chica francesa muy joven y eficiente repetía el cuento sin vacilar y en cada parte de la bodega preguntaba al mejor estilo escolar, ¿tenéis alguna pregunta? Por favor no duden en preguntar lo que sea. Bien no hay preguntas, seguimos. Durante el recorrido dudé si me había equivocado y en realidad estaba en una planta de industria farmacéutica, aséptica, tan inox. Pero no, era una bodega. Llegamos a la sala de catas, impoluta, blanca, ordenada. Catamos un vino joven sin mayores o ninguna sorpresa y adiós. Que pase el que sigue.

¿Esto es el famoso enoturismo?, me pregunté. Está claro que esto no es para mi. Fue cuando comencé a visitar a los viticultores artesanos, creadores de vino natural que empecé a practicar enoturismo del bueno. Claro. Toda la visita para mi. Cierto.

Alicia Estrada, técnica experta en turismo y territorio, viene publicando una serie de post sobre bio-enoturismo muy interesantes porque llama la atención sobre las cosas que se están haciendo por ejemplo en Francia y se detiene en su tema favorito, el posicionamiento. Alicia está contando que el enoturismo posicionado respecto de los valores bio está creciendo y puede ser uno de los factores que mejor pueda colaborar a llamar la atención sobre la creación agrícola artesana en un territorio determinado y en una cultura, la del vino.

¿Es cierto que otro turismo es posible? ¿Será cierto que se puede crear una plataforma de bio enoturismo a nivel español?
Alicia lo dice claramente: es condición necesaria un trabajo militante, comprometido, con objetivos que trasciendan el afán de lucro puro y duro y con unas estrategias claras e inteligentes de posicionamiento.

Confieso que cuando nos encontramos para charlar de todo esto en el bar ZIM, una maravilla escondida al costadito de la iglesia de Sant Just en Barcelona, coincidimos en que el primer paso hacia todo esto es trabajar con los viticultores.

Desde observatorio de vino desarrollamos una conversación con el sector de la creación artesana de vino. Creemos que hay mucho que dar. Hacemos la experiencia de ser bio enoturistas en sus tierras y la experiencia es impagable. Por eso comenzamos a construir nuestro Mapa del Vino Artesano, con el objetivo de ir transformándolo en un punto de referencia de la viticultura artesana en España, Portugal y el Sur de Francia y un gps para el amante del vino y de la naturaleza que quiere conocer cuerpo a cuerpo a las personas que hacen esos vinos que le enamoran.

Una de las condiciones para hablar de vino artesano, es que se haga en pocas cantidades. Una bodega artesana produce algunos miles de botellas, unos cuantos miles en pocos casos. El bio enoturismo que despliegue no puede ser masivo. ¿Qué sentido tendría llegar con autobuses repletos de gente que quiere comprar recuerdos de la bodega y hacerse la foto de la visita al viñedo?

Julián Ruiz Villanueva me lo decía el otro día. La mejor manera de promover el trabajo que hacemos es que el amante del vino llegue a la bodega, la conozca y nos conozca a los viticultores. Las actividades urbanas están bien y son importantes para la promoción, pero lo realmente importante es que vengan a las bodegas y nos vean trabajar.