feria_vino_natural_1.jpgEstos días estoy leyendo la saga sobre el Vino Natural que promueve Cory Cartwright desde su blog saignée para celebrar sus dos años de vida y el milagro de la fermentación.
32 días de Vino Natural reune la opinión de críticos, comerciantes, amantes del vino, escritores y educadores y con ello crea una colección de contenidos de valor entorno a la cultura del vino y de las preguntas que hay sobre el vino natural.
La mayor parte de los que escriben son mercaderes, así que la mirada está puesta en las maneras de lograr que esta “minoría” logre una escala económica sostenible, es decir cómo mantener una idiosincracia artesana, resistente y de búsqueda de la calidad viva y a la vez poder vivir de ello.
Pero en realidad y a salvo de filtraciones deformantes creo que de lo que están hablando es de una manera de vivir. Las personas que están escribiendo 32 días de vino natural están describiendo una sensibilidad resistente, cuestionadora, jodona, con enormes dosis de sentido del humor, iconoclasta, que disfruta de la vida hasta decir basta y reclama que la edad para poder beber vino baje hasta los 16 años.

Joe Dressner hace un alarde de todo esto en los 14 puntos para un Manifesto Oficial del Vino Natural. Leerlo es estar dispuesto a reírese de uno mismo y de las tentaciones constantes de grandilocuencia. Entre sus puntos calientes están el de declarar el gusto por ser y permanecer marginales, aborrecer la seriedad y no poder vivir sin humor, rechazar de plano el ser presuntuosos y grita a los cuatro vientos “liberté, fraternité et copinage” en un invento de palabro que suscribo.

Para mostrar que es un hombre que está siempre en la primera fila, se arroja bajo las ruedas de su propio carro preguntándose quién lo invistió como vocero del Movimiento del Vino Natural y contesta “yo, yo y yo…” Y además se muestra un tipo preocupado por lo que pasa en el mundo y que no ha caído dentro de su ombligo, cosa a la que este Manifesto apunta de especial manera.

Mi otro favorito viene siendo Thor Iverson que se pregunta cuáles pueden ser las maneras hoy en día de liquidar una categoría de vino y advierte que si el vino natural va en la vías de ser la alternativa exitosa al vino industrial puede caer en sus mismas redundancias. Y dice, como si estuviera complotado con Dressner, que después de haber estado días y días en Paris, de bar en bar, probando lo habido y por haber sin tener que repetir, su sensación fue la de ennui, aburrimiento.

¿Qué peligros detecta Thor? La guetización, el quedarse confirmándose entre iguales y no darse cuenta que, por lo menos en grandes ciudades en donde todo está a la mano, mantenerse al margen puede resultar perjudicial. Esto me recordó a lo que escribíamos aquí después de Naturala Vinis 2.

El vino natural debería quitarse un yugo autoimpuesto, dice. Necesita un compromiso total con el mercado de vinos que traerá como corolario un compromiso total en el mercado de las ideas.

La saga continúa. Manuel Camblor habla con su habitual ímpetu y efervescencia de por qué es natural que un tipo como él, alineado desde siempre con “lo marginal” y “lo minoritario”, guste sobre todo de estos vinos y los defienda a capa y espada. Y también cuenta su primera vez con Laureano Serres. No es la única vez que “serres” aparece en esta conversación.

Pero se que no será el único representante del movimiento por el vino natural en España que aparecerá por aquí. Alice Feiring quedó encantada con los vinos de Jordi Sanfeliu y es probable que hable de ello para esta colección de artículos. Para mi Jordi merece un post aparte del que solo les daré el título: La força tranquil.la.

¿Y por qué traigo a cuento esta conversación desde el anglomundo, de la que por cierto y exceptuando estos datos que os doy, parece desprenderse que el vino natural solo es francés?

Porque yo también estaba comenzando a aburrirme de mi misma y del debate vernáculo, encerrado en la autorreferencia, la presuntuosidad y la caída dentro de un ombligo tan profundo y cómodo que obnubila. Hagamos como propone Obama y vamos a leer, de vez en cuando, algo que nos cueste, con lo que no estemos de acuerdo, pero al que le podamos reconocer elevación, información, calidad y sobre todo enormes dosis de sentido del humor.