Diari d'Avinyò-pintura de Claudio Bado

Hablábamos en estos días acerca de qué características debería tener una bodega para considerarse artesana y la cosa giraba entorno de las formas de trabajar la tierra, el trabajo de variedades autóctonas, la no intervención en  bodega con químicos o procesos técnicos desnaturalizantes, la baja producción para diferenciarse de lo que es un enfoque industrial de producción.
Existe otro factor tan importante como los anteriores que es el de las formas de enfrentar el mercado, tanto en la búsqueda de los potenciales clientes como en las formas de satisfacer sus demandas.

Las bodegas artesanas en general son PYMES de constitución familiar que al producir una baja cantidad de botellas de un vino que expresa terroir variedad y persona frente al gusto estandarizado que prepondera, pueden no ser prioridad a la hora de vender por parte de distribuidores y minoristas al uso.

Ciertamente no es un vino tan fácil de vender. Me lo decía Tom Lubbe artífice de Matassa con quien estuve conversando hace unos días en su casa de Calce. Joe Dressner que vende sus vinos en Nueva York le dijo que a él le gusta tomar Matassa pero que lo que vende es su otro proyecto The three trees, vino producido de la reconversión por parte de Tom de una bodega convencional a la biodinámica. Vino respetuoso y más accesible tanto en la comprensión sensorial como en su precio.
Esta dificultad es en realidad un desafío ya que está en las manos de estos artesanos la decisión del cambio y en su cabeza abrirse y confiar en un nuevo mundo tecnológico que abre las puertas que se cierran en el mundo convencional del comercio del vino.

Todavía hay que hablar mucho sobre la diferencia entre hacer vino artesano y tener una empresa artesana porque no es un concepto fácil, igual que el vino. Mi vino hoy es complejo como escuchar a Bach o a Pixies hace diez años me dijo Tom Lubbe. No venderá como el beaujolais nouveau, pero sus vinos tienen un público que lo encontrará si él se deja. Y esto vale para las generales de la ley.

En esta era del imperio de la tecnología tenemos que ser muy cuidadosos en donde elegimos invertir nuestros recursos porque está claro que no lo podemos abarcar todo. Tan importante como hacer es saber delegar. Buscar al complementario. El que le de soporte técnico y de comunicación de calidad a una propuesta artesana cuidada que debe ser muy bien comunicada, de manera sensible.
La inversión de recursos en plataformas de comunicación y venta es clave. Y esto dista mucho de tener colgada una web. Tener una mala web juega demasiado en contra.
Por tus webs serás juzgado. Olvídate del flash, de la música y de historias largas que nadie lee.
¿Quién crees que llega a tu web y por qué?

La blogsfera juega un papel cada vez más determinante en la búsqueda y el intercambio de información y en la compra directa al productor. Es divertido y emocionante, somos curiosos y un poco vanidosos, nos gusta el desafío de buscar y encontrar y nos produce una altísima satisfacción cuando podemos acceder al objeto de nuestros deseos sin pagar por ello más de la cuenta.

Hace unos días en devinis.org Joan y Sibaritastur debatían justamente sobre este punto. El primero comentaba un vino y el segundo se quejaba de no poder encontrarlo. De ahí la conversa evolucionó hasta el establecimiento con profunda convicción de que en la era del imperio de la teconología no podía faltar mucho tiempo hasta poder encontrar plataformas de venta directa de todos estos vinos que por el momento están escondidos a su pesar esperando ser descubiertos.

La creación de plataformas como el mapa de vino artesano suponen para las bodegas una oportunidad y un desafío. Están más al alcance, la posibilidad de ser vistos aumenta y con ella la responsabilidad de estar preparados para recibir visitas, atenderlas como buenos anfitriones y dejarles con ganas de más.

¿Están nuestras bodegas artesanas preparadas para existir en el mercado definido por el imperio tecnológico y satisfacer la demanda del amante del vino artesano en el siglo XXI?