IMG_0298Gerardo Méndez se parece a un tío mío. De aspecto discreto y familiar, mantiene el  tipo aunque no puede ocultar la buena vida, simpático sin empalagar, sociable y bon vivant. Ya hizo su vida y ahora disfruta. En Galicia desayunamos ostras y Albariño nos dijo. Me temo que no todo Galicia empieza así su jornada y Gerardo lo sabe. Simplemente lo que hace es disfrutar de la vida relajada que forjó.

A muy poco tiempo de trabajar en la forja de su padre, supo que su vida no pasaba por cumplir horarios ni determinados rigores. Necesitaba un trabajo que lo hiciera libre, con el que pudiera disfrutar y sobre todo ser dueño de su tiempo. En 1973 recuperó los viñedos de la familia y en 1986 fue uno de los fundadores de la D.O. Rías Baixas. Ese es el año en el que empieza a embotellar como Do Ferreiro.

Do Ferreiro es un homenaje al padre y un intento de superación del spleen gallego. Recuerda desde el nombre los orígenes, la fuerza, la tenacidad, el rigor. Pero también un lugar desde donde ser feliz, libre, tal vez un poco despreocupado pero con un sentido, me parece que nato, del negocio para tener una ecuación de vida sostenible. La primera venta siempre es una cantidad pequeña. Si se repite quiere decir que se vendieron unas pocas botellas; recién la tercer comanda inspira la verdadera confianza.

Nos instalamos un rato largo debajo del parral centenario que preside la bodega, su casa y el hórreo, todos de piedra como manda la construcción en Galicia pero con la diferencia de ser muy bellos y estar integrados en su paisaje. Todo está ubicado en una ligera pendiente desde donde se ve el mar y se vive dentro de una bruma suave y salada. Se dice que son de los viñedos de Albariño mejor ubicados.

Al abrigo de su sombra, Gerardo nos explicó porqué es complicado practicar la viticultura en parras a la vez que es más difícil intentar modificar una tradición ancestral. Hay que conocer bien la ruta que sigue cada sarmiento en ese laberinto entreverado que termina por ser un parral. Por ello es muy probable que a la hora de podar se corte por la parte equivocada. Mientras hablábamos de todas estas cuestiones se dio cuenta que los pájaros se habían pegado una buena panzada de Albariño de cepas vellas, lo que dejó contento al viticultor que vio en aquel picoteo furtivo una buena señal.

Me quedé con la sensación que este hombre es una parte importante del entorno de sus viñedos, que es un componente muy importante del resultado de su trabajo. Se mueve con la misma naturalidad entre esos viñedos que son los más viejos de la denominación que consolando a Eva, la nieta de pocos meses que al verlo lo reclama. Quiere conducir. Así que se mete en el coche, la para frente al volante y santo remedio, Eva vuelve a sonreír. Gerardo Méndez tiene tiempo para todo. Cuando creímos que nuestro tiempo allí terminaba, su mujer abrió unas botellas y seguimos la conversación sobre la vida, cómo manejar el tiempo, lo que quiere para los hijos, la relación con su padre, las ostras y el Albariño.

Hace tres vinos, todos de Albariño, variedad que domina y ama. El Do Ferreiro que es el Albariño del año, el Cepas Vellas que reposa sobre sus lías en tanques de acero inoxidable durante casi un año y el Tomada do Sapo que produce para su amigo y distribuidor Joan Valencia.

Estos vinos transmiten el glamour clásico del connaisseur con la genética discreción gallega. Y como dice Valencia, de todas formas y por ricos que sean los vinos, siempre los superará la persona de Gerardo Méndez.

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