variedades gallegasNo exagero si digo que todas las personas nos relacionamos con los medios de comunicación con prejucios, positivos y negativos. Está probado que vamos a comprar la prensa para confirmar lo que pensamos. Por eso leemos siempre el mismo periódico que además pertenece al mismo grupo que la radio que escuchamos y que la tele que vemos. Por ejemplo yo leo El País (solo los domingos), escucho cada mañana religiosamente Hoy por Hoy de la Cadena SER y en la tele salto de Cuatro a CNN+. Pero de todos modos se muy bien lo que pasa y lo que dicen los que no sigo. Luego, la diversidad, mi búsqueda personal, el delicioso arte de curiosear lo traslado a la Red, el delicioso jardín de los senderos que se bifurcan.

Hace unos días se revelaron los ganadores de los Premios Ondas. Sin saber mucho de estos en particular, creo que la mayor parte de los premios responden a la categoría de “tu los guisas y tu los comes”, y aun así me gustó que ganara “uno de los míos”, Carles Francino, condición que confirmo al leer su comentario que reivindica el periodismo en momentos de “mucho ruido y confusión… Nosotros defendemos el debate, pero no las trincheras”.

En su edición de hoy, El País publica un especial Vinos y Gastronomía, en el que Carlos Delgado firma un artículo sobre vinos por variedades autóctonas. Mi primera reacción fue la de pensar que habría gato encerrado y que ya vendrían con lo de siempre. Los proyectos consolidados que suelen tener algún tipo de relación de negocio con el medio (inversionistas, el club de vinos de tal o cual, publicidad).
Cada vez que encaro así la lectura me sobrevienen una taquicardia y un vértigo pensando que ahí en esas páginas de altísimo rating están escribiendo lo que venimos diciendo unos cuantos anónimos con mejor o peor pluma desde hace más o menos tiempo y en donde también hay cavadas trincheras. Está clarísimo que en el mundo del vino, de su comunicación y de su conversación, a la hora de intercambiar sobre las prácticas vitivinícolas, más que hablar se grita, más que debatir las personas se atrincheran defendiendo puntos de vista y al final tenemos que saber que la trinchera lejos de ampliar el panorama lo acota a ese pequeño espacio que se vuelve irrespirable.

Hoy, no se porqué o tal vez si, me aburrí de la trinchera y me di cuenta que ya no me gusta esa sensación taquicárdica y de pronto me encontré leyendo una información que me interesaba en especial por el criterio de presentación (las variedades autóctonas), concisa, que aporta contenido e información para que cada uno saque sus conclusiones (por ej. que el precio promedio de las botellas listadas es de +28€). Al no intoxicarme con el chute de adrenalina propio de la tensión de la trinchera, pude ver lo que hay de bueno en esta lista de vinos y disfrutar de esas palabras bellas, como Caiño, Cariñena o Carrasquín, raras como Baboso Negro o Negramoll, divertidas como Rufete, asociadas a botellas concretas, precios y webs.

Propongo salir de la trinchera, acabar de modo inteligente con la mentalidad eternamente opositora que es la que más aleja del empoderamiento y de creer que hay un lugar y unas personas que disfrutan de lo mismo que nosotros sin tirarse con las verdades por la cabeza.
Brindemos con los mejores vinos artesanos, naturales, honestos y seamos buenos mas no tontos.
Salut!