Dante ante su ¿emprender o no emprender?Hace casi tres años, un enamorado del vino, lanzó esta pregunta en el foro de Internet en el que participa. Las respuestas no se hicieron esperar y a pesar de la magnitud devastadora de las mismas, no se arrojó desde el Faro de A Coruña donde vive, cosa que yo en su situación, hubiera, por lo menos, considerado.

No es que sea consuelo pero mira por dónde… hace 800 años más o menos, las fechas son inciertas, el hijo de una familia florentina acaudalada e influyente, se hizo la misma pregunta e igual que nuestro emprendedor contemporáneo, preguntó entre su red de contactos, cómo verían que se iniciara en el arte y oficio de negociante de vino. Después de todo, era un gran amante del vino, cultura en la que se había sumergido a través de los relatores griegos y sobre todo romanos y pensó que podía ser una buena idea entrar en ese negocio.

La situación social y política de la época era muy inestable, más o menos como ahora, y los enfrentamientos estaban a la orden del día. Los poderes fácticos tironeaban de mapas y fronteras, y lo que no podían resolver por la vía diplomática lo resolvían por la vía de la guerra. Como este hombre no era guerrero por naturaleza, decidió estudiar la viabilidad de emprender algún negocio.

Igual que a nuestro emprendedor contemporáneo, las respuestas no le dejaron espacio al aliento. La inestabilidad política obligaba a destinar una cantidad excesiva de recursos a la seguridad, por lo que no parecían ser tiempos de arriesgar capital en aventuras inciertas. Por lo menos eso le aconsejaban los amigos banqueros de la familia y todo aquel a quien consultase. Parecía que arriesgar la vida en una guerra fuera más sensato que arriesgar algunos recursos en el emprendimiento de un negocio. Convertirse a soldado auguraba un presente y un futuro más prometedor.

Poco a poco este hombre fue cayendo en la desidia y no encontraba fuerzas para poder remontar la pena. La desesperanza se apoderó de su alma y en la mitad de su vida, casi sin pensarlo y seguramente sin tener idea de las consecuencias, para la posteridad, de su arrojo, se entregó a la terapéutica tarea de escribir lo que sentía y dedicarlo a modo de horrorizada advertencia a todos los que siquiera se atreviesen a concebir ideas tales.

Lasciate ogne speranza, voi ch’intrate, garabateó Dante Alighieri con su pluma sobre una hoja en la que también se encontraron palabras dedicadas a su otro gran amor imposible, Beatriz.

¿Y qué habrá sido de nuestro emprendedor contemporáneo? No sabemos si habrá que esperar a que sea él el responsable del best seller que deje en notita de escuela las hazañas de Harry Potter, lo que si sabemos gracias a las fuentes consultadas, es que si bien no abrió aún su tienda, está vivo y no tiró la toalla, mientras continúa preparando oposiciones sin dejar de soñar con su tienda de vino. Siempre según nuestras fuentes, si bien durante un tiempo se vio tentado por alguna franquicia, lo suyo es ir por libre, haciendo del vino que ama un medio de vida.

A ciencia cierta, no sabemos si abrir una tienda de vino hoy es rentable, pero según se desprende de esta leyenda, podría resultar “dantesco”.

¡Salut!