la felicitat possible 5

Oriol Pérez de Tudela y Albert Martínez me invitan a compartir su mesa de debate entorno de la felicidad. Dónde hay que firmar, pregunto! Hace tiempo que convocan a filosofar sobre el vino vinculado al territorio, al consumo y al hedonismo y buscan, acaso de manera insaciable, recuperar el lugar cotidiano del vino en nuestras vidas de españoles, de nacimiento o por elección, como evidentemente es mi caso.

El próximo martes 5 a las siete de la tarde nos vamos a encontrar en el Arts Santa Mònica para bucear entre los motivos que han provocado un descenso suicida del consumo de vino en España. Menos de 10 litros por persona por año. Hasta los daneses beben más, unos 35 litros persona/año aprox.

Yo voy como comunicadora del vino, por la curiosidad que Oriol detecta que tengo porque lo hemos hablado, sobre los motivos de este descenso, de esta pérdida que no sabemos detener; nos estamos yendo en cerveza de morondanga, aunque el sector artesano del grano fermentado crezca.

Yo agradezco la invitación porque me devolvió a la investigación, a la biblioteca material y virtual, a atar cabos tal vez de manera arbitraria para provocar. Porque es lo que voy a hacer. Es lo que tenemos que hacernos los unos a los otros. Salir del sopor de la moderación y entregarnos confiados en nuestra capacidad de debatir, de poner el dedo en la yaga, no tenemos que tener miedo a ser radicales, como dice Toni Lodeiro, ir a la raiz de los problemas.

Este análisis es un cuadro de múltiple entrada, que recorre motivos públicos, privados e íntimos de la sociedad española. Si compartimos por ejemplo con la psicoanalista francesa Céline Simonnet-Toussaint que la familia es el sujeto de transmisión trans-generacional de la cultura del vino, no tenemos más remedio de enfrentar los cambios radicales que viene sufriendo la insitución familiar en el correr de las décadas. Si aceptamos hablar de esquemas mentales, de cambio, y de estructuras que ya no son válidas, no tendremos más remedio que meternos con los esquemas mentales de las clases dominantes, que son las que controlan el negocio y le imprimen su propia impronta social. Y si lo hacemos tenemos que mirar a España, sociedad residual que logra mantener casi sin mácula, estructuras mentales, sociales y de poder de los tiempos en que este país se había convertido en el régimen nacional-sindicalista del General Franco.

Y si queremos encontrar las maneras de rescatar la cultura milenaria del vino, de la cual los sucesivos modelos sociales y familiares en España han sido portadores trans-generacionales, tenemos que preguntarnos por cuáles son las representaciones sociales actuales del vino entre los jóvenes, beban o no el zumo fermentado de la vistisvinífera. Cómo se piensa el vino en España.

Y si queremos estar a la altura de las circunstacias globales de crisis, tendremos pues que asumir como muy relevante la variable ecológica y revisar desde ella el modelo exportador para la industria del vino, que se ha ido consolidando desde las esferas públicas pero también privadas de actuación.

El mercado interno español no castiga al sector del vino, como sostiene sistemáticamente Pau Roca, mirando para otro lado, como diciendo yo no fui; el mercado interno fue despreciado por un modelo económico y mental que perseguía el beneficio económico por encima de otros, siendo en este sentido más “rentable” buscar el éxito económico rápido en la exportación durante los años de folie con petróleo barato y arriba el cuadro! Pero ahora seguir ese modelo sería suicida. ¿Alguien está pensando que llegamos entre 2010 y 2011 al “pico de petróleo”?

Es un trabajo apasionante, con el que tendríamos que comprometernos honestamente. Quiero decir que si no estamos dispuestos a ver cosas que no nos gustan de cómo somos, estaremos perdiendo el tiempo. Yo prefiero entonces guardármelo para simplemente beber.

El próximo martes 5 de julio a partir de las siete de la tarde, se abre el debate en el Arts Santa Mònica, La Rambla 7 de Barcelona. Se servirá vino de baggin-box! Qué bueno! Genial! Los esperamos, porque los amantes del vino de hoy, heredamos la responsabilidad de hacernos cargo de preservar esta cultura amenazada. Somos el bombero de  Farenheit 451