En una semana tendrá lugar la séptima edición de Vitis Vinífera, la presentación del portafolio 2013 de Cuvée 3000, una de las distribuidoras y dinamizadoras más interesantes del sector del vino en Barcelona, que este año dedica además un petit salón al vino natural, así que me fui a charlar con Joan València, su alma mater, un tipo simpático, conversador, liso, como decimos en mi tierra. Accesible. Y le importa tanto dejar esto claro, que al final no sabe una si está ante un ser normal y con olfato para los negocios o frente al mismo Vito Corleone del wine business, acariciando el gato con inquietante ternura.

Hay temas recurrentes sobre la mesa de debate, de los que me interesaba saber su opinión y su enfoque. La caída del consumo, la evolución del negocio, lo aburridas de las cartas de vino de los restaurantes, su reciente pasión casi desenfrenada por el vino natural, que lo está llevando a expandir y diversificar su negocio, en plena crisis, con la sequía al crédito incluida. Pero en realidad poco hablamos de esto, más allá de lo que se especula hasta la saciedad, y mucho, mucho, de lo que le pone para seguir disfrutando de la vida.

Será para la primavera, supongo, que reabrirá Can Cisa, la vinería histórica de la calle Princesa en el Borne, junto con los Xemei, toda una referencia en las artes de gestionar agendas y buen producto ¡tan a la italiana!. Tienda y bar sólo de vino natural, lo chic y el glamour a tutti plein, porque como Joan mismo reclama, ¡¿por qué Shakira no tiene derecho a tomarse una copa de buen vino natural?! ¡Eso digo yo, santa!

Le pregunto por el origen de su optimismo y si se atrevería a decir a otros que recién empiezan, que sí se puede hacer negocio con el vino. ¡Claro que si! Pero si empezara hoy, teniendo la experiencia encima de los años pasados, lo haría diferente, con un pequeño equipo de 3 personas, un portafolio que llevara sólo los vinos que le gustan, y facturando la mitad que hoy, ganaría el doble de tiempo.

Cuvée 3000 es un equipo de 15 personas, de las que no sobra ninguna, que factura entre 4 y 5 millones de euros al año y es su trinchera. Desde aquí organiza el juego, porque esto es lo vital para él. A veces creo que llevo un empresario dentro, dice medio tímido, asociando la idea de emprender con la de jugar en equipo.

Dos tips hasta ahora para el que quiera aprovecharse de las confesiones de este hombre que parece negar con su actitud tan abierta su adn catalán: uno, si quieres empezar un negocio de vender vino hoy, puedes hacerlo, pero hazlo en pequeño y sólo con lo que te gusta como portafolio; y dos, aprende a trabajar en equipo. Y aunque parezcan consejos de catequesis, son más bien la voz de la experiencia y de querer seguir en este otro mundo que vamos pariendo con dolor.

Pero lo que más le gusta, de lo que hablamos más, es del vino natural y del estado de gracia en que lo pone, y de las diferencias con el vino tecnológico. La diferencia entre el rock&roll y Jon Bon Jovi.

La ilusion del equilibrio

Está iluminado, pero no por el saber sino por la emoción de su descubrimiento y de la sensación de estar siguiendo una evolución personal, que a una altura de la vida, 46 años, le coloca en el cruce excitante del objeto de la pasión y del negocio. Equilibrio. Este es el nombre del juego. Así tiene que estar un vino, en equilibrio, entendido como el arco armónico de imperfecciones que sumadas dan algo bello, único y efímero. Algo que nos puede gustar o no y ahí está la verdadera riqueza. Y así está el negocio, en el permanente equilibrio amenazado, casi quimérico, una expresión de deseo para seguir.

Sobre la condición de empresario, se trata de tener olfato, instinto, para detectar una tendencia creada por una fuerza mayor, cogerla, seguirla, hacerla suya. Yo tengo mis serias dudas de que en el caso del vino natural, la tendencia se haya creado de arriba hacia abajo, más bien creo lo contrario.

Benoît Vallée organizando los primeros salones de vino natural en Barcelona, era David contra Goliat. Hace nada, en 2008, en el primer salón eran cuatro gatos, con más fuerza, ganas y convicción que vino. Y el discurso prendió. Porque hay un sector importante de consumo, de ciudadanos, que necesitan de un relato. Y el vino natural y la energía enorme dinamizadora que tiene, hace este efecto. Y fueron los bloguers, con esas mismas pasiones en común, que detonaron y sostuvieron corrientes de opinión y tendencia; no los grande medios con capacidad de generarla, excepto el debate para entendidos, entre Laureano Serres y elmundovino.com.

El pezqueñín hizo su trabajo. Ahora los más grandes de la cadena, incluidos los tiburones, han descubierto que aquello que despreciaban, valía la pena. Y no hablo de desprecio descalificador, sino de desprecio por volumen de negocio. En un lapso muy corto, hemos pasado de la indiferencia a la codicia, y conociendo los bueyes con los que ara la cultura del vino en España, incluida claro la cultura de negocio, me temo que si las fieras no se contienen, podamos estar ante una próxima guerra por la cuotita de mercado que supone el vino natural.

Yo creo que, en este caso, València intuye la importancia del relato y está en contacto con aquel equilibrio y su joie de vivre. ¡Ojalá!