No es la primera vez que hacemos esta pregunta. Y no será la última. Y será cada vez más recurrente en la medida en que el debate medioambiental prospere y los consumidores tomen por norma leer las etiquetas para saber lo que entra en su cuerpo. Y esto no debe ser sólo tenido en cuenta en la comida de los bebés. Debe serlo en todo lo que podamos abarcar sin caer en la locura. Como cita José F. Alcántara, versvs, en su libro La sociedad de control. Privacidad, propiedad intelectual y el futuro de la libertad, a Edward E. Hale: Soy tan sólo uno, pero aún soy uno; no puedo hacerlo todo, pero aún puedo hacer algo; y tan sólo porque no puedo hacerlo todo no rechazaré hacer eso que puedo hacer.
Los lectores de este blog saben de nuestra promoción, defensa y trabajo a favor de los vinos naturales. Pero esto no nos enceguece o eso procuramos. Por eso a la hora de hablar de etiquetas, no tenemos más remedio que ser críticos y pedir coherencia, extensiva al sector del vino en general, por supuesto.
Cualquier seguidor del mundo del vino natural, sabe de las excentricidades en las que pueden caer sus productores. Yo diría que existe una cierta rebeldía por la cual se le reclama a “los otros” lo que no se aplica para si. Me explico: los productores de vino natural por lo menos a nivel mediterráneo (Francia, Italia y España) no dicen absolutamente nada del vino que hay dentro de la botella. En algunos casos podemos enterarnos de las variedades y en ninguno sabemos qué hay dentro, más allá que alguno diga que no contiene sulfitos o que los contiene en grado mínimo. Es preciso tomar en cuenta que la etiqueta es el punto de referencia del amante del vino y del que cuida lo que consume por razones de salud y por saber cómo ha sido su proceso de producción, distribución, etc. Me parece que si se reclama la transparencia al productor que trabaja agregando agentes externos en su vino, sean tóxicos o no, se debería predicar con el ejemplo y decir algo más y si se me permite de modo más bello que lo que se está comunicando ahora. Y no vale decir que el que esté interesado pregunte. Resulta una actitud soberbia.
Mientras pensaba en todo esto, decidí traspasar la pregunta a versvs, por químico y por ciberactivista en favor de la libertad de información. Y su respuesta no deja lugar a dudas: TODAS, con mayúsculas que pasa a explicar, estableciendo grados de exigencia a la hora de comprar por parte del cliente, y dice:
- siempre que compramos un producto, a menos que nos guste comprar cajas negras, escogemos lo que compramos. En general, nuestro dinero y nuestra compra no son más que un apretón de manos en el mejor caso o un simple reconocimiento a la labor bien hecha (¿buena calidad? ¿buenos ingredientes?) en el más frío. Ya sólo por eso la etiqueta debería ser lo más completa posible… Si vamos hasta los productos «naturales», entre ellos el vino, la labor de esta etiqueta es aún más crítica. De natural, el comprador de productos naturales/ecológicos/ponlenombre es más exigente, y más detallista. Le gusta saber en qué se gasta la pasta y le gusta tan poco como a los demás mendigar la información que reclama: quiere la información, no quiere pedirla de rodillas, como bien dices tú sobre la soberbia de «el que quiera saber que pregunte». Para cuando tú esperes la pregunta yo habré cogido, casi seguro, otro vino natural con etiqueta (bueno, con etiqueta y cuya etiqueta me satisfaga). Si el cliente es más exigente, hay que subirle la apuesta y darle la composición del vino y, siempre que sea posible, la traza del producto.
Leo en el Organic Wine Journal, que el famoso productor y próspero empresario norteamericano, Randall Graham, está cumpliendo con su promesa de hace algunos meses y comienza a etiquetar su vino con información sobre lo que contienen, como por ejemplo ácido tartárico, chips de madera sin tostar y sulfitos de cobre. Sé que hay quienes pueden caer de inmediato en la trampa de las palabras antedichas. Como le agrega estas cosas no tiene nada que ver con vino natural, bio o ecológico. Pero esto sería una trampa al solitario. El asunto es tener en cuenta el camino hacia la absoluta transparencia, porque será una gran guía para el consumidor que sabrá reconocer y premiar.
Venimos hablando y contándoles de nuestros días de trabajo y vino en Bordeaux. Decíamos que este es un trabajo un poco de magos un poco de circo un poco de todo. Uno de los objetivos de Vinexpo-Bordeaux era presentar Octubre y Moreres de Cingles Blaus por dos motivos, a saber: que son dos vinos excelentes y que causan sensación allí en donde se les presenta y que tienen una comunicación original, divertida, que da qué hablar y que construye una historia.
Todos en Bordeaux cayeron a los pies de la propuesta Cingles Blaus+código. Gente de marketing que trabaja desde Francia y desde España para el mercado británico vieron enseguida las posibilidades que abre la aplicación de los códigos en la comunicación del vino. Y el consenso y gran titular fue que es una idea genial para conquistar a las nuevas generaciones nativas virtuales casi enganchadas a los móviles y que se mueven como pez en el agua en esto del boca a oreja vía redes sociales. No paraban de salir ideas. Otra vez aparece la imagen de la chistera del mago.
Estas conversaciones tenían lugar sobre todo en casa de Mark. Podemos decir que Mark lo tiene todo. Es joven, guapo, enólogo desde que a los 14 años comenzó a hacer la recogida de manzana para hacer sidra en Jersey, su isla natal. Vive en una de las zonas vitivinícolas más importantes del mundo, la conoce casi como a las palmas de sus manos y hace vino que consumen millones de personas alrededor del mundo.
Un vent de folie. Un grenache by Mark Hoddy
Y como si fuera poco tiene SU propio vino que ama y del que habla con la mayor de las pasiones posibles. Peeero no todo es tan perfecto para este profesional integral que sabe que la garnacha con la que hace SU vino es tan importante como la imagen que la comunica. Muestra su botella con orgullo pero confiesa que habría optado por algo diferente si le hubieran dejado.
Así que en somosene hemos creado una nueva historia para esta garnacha orgullosa que trae Un vent de folie a 16% hecha en realidad un “huracán” para que a través de un código podamos liberar el genio de su winemaker. Si queremos saber quién hace el vino y cuál es su espíritu he aquí la materialización de la idea.
free the genius inside!
This a gift for you Mark and we hope some day every producer, every genius marketer join us in this trip suavage into wine and winemakers hearts! Just print it and stick it to one of your bottles. Download a codereader and free the soul inside the bottle. Talk to your friends, spread the new, you are a free wine genius now!
Cheers, salut, salud, santé to you and everyone over there!
Hay quien dice que detrás de esta etiqueta se esconde una estrategia de marketing, ¿estaría mal?; hay retailers que aclaran algunos puntos interesantes, por ejemplo, qué tipo de información busca el comprador de vinos y le es práctica a la hora de tomar una decisión. (Lo que me recuerda un dato que escuché hace unos días en una charla con productores de la D.O.Montsant, y es que el 95% de los compradores de vino no se sienten expertos en la materia).
Creo que en la conversación que provoca esta etiqueta, hay por lo menos dos vertientes. Una es la información que el productor quiere decir de su vino. La otra es de cuánto espacio dispone para hacerlo: hasta ahora no había suficiente espacio en la etiqueta para poner todo lo que querías decir de tus vinos.
Pero los de somosene hemos desarrollado una solución para que puedas hablar de tus vinos todo lo que quieras; todo, todo!
¡Hemos creado la etiqueta de vino con capacidad infinita! Hemos agregado un código de dos dimensiones a la etiqueta que encripta un hiperenlace. Con tu teléfono y unos programitas muy sencillos que te bajas de internet, puedes leer este código como con un lector de los del supermercado. Así de sencillo.
¿Y a dónde te lleva ese hiperenlace? A tu página web, por ejemplo, en donde dices lo que quieres de tus vinos. Estás conectado con el comprador actual o potencial de tu vino desde la botella. Solo hace falta un teléfono y un hiperenlace y harás que tus botellas hablen entre si; que te puedan enviar un mensaje contándote la experiencia que están teniendo las personas que están bebiendo tu vino en el momento en que lo están haciendo; alguien se llevará los datos de tu vino en su móvil, porque lo tomó en un restorán y le gustó, e imagínate todo lo que se puede hacer con un código ubícuo, un móvil y mucha imaginación!
Os presentamos, en primicia absoluta para la blogsfera vitivinícola, un ejemplo de lo que hicimos para la bodega Cingles Blaus de la D.O.Montsant.
Ojalá os guste y os den ganas de probar , ¿qué os parece?
A propósito de un post que estoy escribiendo y publicaré espero que hoy mismo, descubrí la web del productor norteamericano Randall Grahm. ¡Qué etiquetas más bonitas, inteligentes, creativas, emocionantes, comunicativas, irresistibles, que hace para sus vinos! ¡Chapeau! Me hicieron acordar a las de Domaine Le Briseau que descubrí en el II Salón de los vinos naturales de Barcelona.
¿Qué puedo pensar del productor que hay detrás de esa etiqueta? ¿Qué puedo pensar de esos vinos? ¿Cómo resistir probarlos? Me generan una dulce curiosidad…
A mi me hace pensar en personas muy simpáticas, sinceras, que se toman el vino y un poco también la vida, con amor y con humor y que me dan confianza como para pensar que el vino estará a la altura de lo que me hacen imaginar sus etiquetas. Y también me dan ganas de conocerlos, tomar más de una copa con ellos y recordar algunos versos memorables, ¡¿por qué no?!
Merci a Nathalie y a Christian por encantarnos con sinceridad desde el primer contacto!
Stefan Lismond, wine export manager para bodegas PYMEs en Cataluña, me invitó a la reunión anual que hace con los productores a los que representa. Siguiendo los consejos de David, cocinó en su casa, maravillosamente como siempre y nos regaló una fiesta gastronómica y enológica. Casi al final, como al descuido a Elsa le llamó la atención la botella del Selecció de Cingles Blaus que hicimos en somosene como prueba para llevar a Shanghai. En el siguiente vídeo vemos a la botella en acción. Ramón Giró, Sisco Fernández y la propia Elsa se dejan llevar por la curiosidad y experimentan.
Marcelo Isarrualde, sin duda uno de los fotógrafos más importantes de Iberia, pasaba por delante de una tienda de vinos, cuando una etiqueta llamó la atención de su mirada. Entonces cogió su Canon G9 y la registró. He aquí un ejercicio de agudeza visual…