Ahora la cita es en Madrid, este próximo jueves 19, en La cave du petit, para celebrar una insititución dentro y fuera de los confines que delimitan al vino natural: la llegada del beaujolais nouveau. Aunque muchos lo sepan vale la pena contar cómo esta institución ha sido, en realidad, una buena operación de comunicación, cuando hace tiempo los productores y los publicistas en Beaujolais tenían que atraer a los consumidores de su vino nuevo lo más rápido posible. A partir de aquí la convocatoria de que le beaujolais nouveau est arrivé, es como un llamado a misa. Una misa pagana, rebosante de vino nuevo y de exquisiteses propias de la zona.
La idea adquiere tal relevancia que trasciende las fronteras de Beaujolais Y esta semana Carlos recoge el testigo en Madrid y nos propone:
Un menú un”bufé” en el que presentará:
charcutería, quesos y una buena ensalada de lentajas, muy refrescante!
el vino: baejulolais nouveau natural
el ánimo: de fiesta absoluta:)
y todo esto por 22 euros
A todos los que están un Madrid y se sienten verdaderos amantes del vino no se lo pueden perder!
Desde observatorio de vino sostenemos que el vino natural es el futuro del vino. ¿Por qué? Porque la agricultura tóxica es póstuma. Aunque se siga practicando, tendrá que ir en sentido recesivo. Y tomará mucho tiempo el ciclo completo de reconversión, así que cuantos más seamos hablando de las consecuencias negativas de las prácticas devastadoras del entorno en que vivimos, más visibilidad daremos al tema. ¡Qué trascendente! Si calro y no es para menos. Desde nosotros en casa hasta Barak Obama en sus recepciones, servimos vino natural o ecológico. ¿Por qué será? Probablemente porque podemos hacer algo para que las cosas comiencen a ser de otro modo.
Desde observatorio de vino, estamos haciendo una recorrida en profundiad por el mundo del vino natural en España. Se los venimos contando desde hace tiempo. Salimos a la ruta, conocemos a los productores, entramos en sus tierras, catamos sus vinos y se lo contamos al mundo desde este blog. Y ahora damos un nuevo pequeño gran paso.
Por eso reunimos a un productor para que presentara sus creaciones a los amantes del vino, a los promotores de turismo, a vendedores y a predictores, en casa de un restaurador que se dedica en exclusiva a la divulgación de la gastronomía y la enología salvaje.
Reunimos en Madrid a Samuel Cano para que contara cómo hace sus vinos, variedad por variedad, hasta llegar al Patio Ensamblaje (shyrah, tempranillo, gracián y petit verdot), con un auditorio compuesto por promotores de turismo alternativo, dueños de tiendas de vino, prescriptores del vino natural dentro y fuera de la Red como Javier Pulido, Nacho Bueno, Bentley, importadores / exportadores y amantes del vino, de los que ya los conocen hasta los que se atrevieron a probarlos y descubrirlos. Todo pasó en La cave du petit. Y Carlos, su alma máter, no le fue en saga a Samuel, presentando creo que casi todo lo que tiene en su bodega, lo que nos premitió a todos lo presentes, poder experimentar y comparar las expresiones de los vinos naturales españoles y de los franceses. Estoy convencida que todos salimos de allí pensando en exportar el modelo a cada punto cardinal de España, de manera de dar a conocer el vino natural entre los que deben ser principales promotores, dentro del sector profesional y entre sus seguidores, que serán en definitva y siempre los encargados de contar al mundo sus descubrimientos.
Carlos es el hijo francés de una familia de españoles migrantes en París. Tiene 49 años y hace 3 que vive en Madrid. Está en el negocio del vino desde toda la vida y dentro del movimiento del vino natural desde sus comienzos allá por el año 1981 en Francia. Fue “grosista” durante 30 años, lo que le permitió ser el protagonista de una road movie en donde se cuentan las historias de los padres de los primeros vinos naturales en Francia, como Marcel Lapierre o Philippe Pacalet entre otros. No para de nombrar personas y aventuras y en cierto modo no puede esconder una nostalgia serena por aquellos días de vino, experimentos y aventuras. Es seguidor incondicional de Le rouge et le blanc, la famosa publicación francesa sobre vino natural a la que apela para ir contándote y mostrándote a cada uno de los vignerons que nombra; es un invetigador pasional que muestra cada descubrimiento que hace como algo de lo que no puedes prescindir en la vida.
Comer y beber en La cave du petit es una experiencia intensa, por la calidad de los productos y la actitud salvaje de su anfitrión, que a veces se confunde con mal carácter. No es así, doy fe. Es un hombre pasional, que ama lo que hace y lo que vende y que no espera de otros ni de si mismo que nos guste todo en la vida. Con respeto, trabaja en un oficio muy complicado que combina atender al público mientras explica un producto que requiere tiempo como el vino natural. Pero antes de abrir una botella a un cliente, le advierte que está a punto de vivir una experiencia intensa, rara. Lo imagino gruñendo, cómo no, pero también me imagino perdonándolo.
Cocina su mujer, cuyo nombre permanece en el misterio para mi y no está mal, y lo hace de maravillas. Empanadillas de berenjenas con queso fundido, tarrinas de patés de olivas con pepitas de mostaza o curry, orejas de cerdo que directamente te conetcan con el paraíso y unos dulces que van del más puro chocolate a una tarta tibia de manzanas, un trozo de nata fría y una galleta hecha con mucha mantequilla que te pueden hacer perder los papeles y encontrar argumentos para repetir.
La cave du petit es la única tienda y bar de vinos naturales en Madrid y como el mismo Carlos dice hacen falta más y más acciones de promoción, porque hay curiosos amantes del vino que quieren saber y beber más.
Los medios de comunicación demuestran cada vez más interés por propuestas como estas, los amantes del vino se acercan curiosos por lo que puedan descubrir aquí y más de uno llega con la intención de llevarse algo para sorprender al suegro, a un amigo o a un descreído. El promedio de edad de los clientes de Carlos es de 35 años, los jóvenes madrileños no son amantes del vino salvaje, dice, mientras descarta una botella ahora vacía de un licor que compró hace un año cuando inauguró el local.
Por su ubicación podemos pensar que está fuera de circuitos turísticos y es cierto; pero esto te da la posibilidad después de una cena opípara, de caminar unas calles tranquilas para dar tiempo y espacio en nuestro cuerpo a una experiencia gastronómica y vinícola intensa, física, espiritual.
Después de la experiencia inmejorable de una noche de fines de verano en un Madrid más hambriento de otoño que nostálgico de buen tiempo, me fui a visitar a Carlos, esta vez con la intención de poder presentarlo tal cual es, en estado salvaje, como los vinos que ama, promociona, vende y comunica en medio de sonidos y gestos que lo hacen totalmente personal y único.