Son las 4:30 a.m. del viernes 20 de noviembre de 2009. Suena mi despertador porque tengo que llegar a la T1 de El Prat de Barcelona a las 6 a.m. El vuelo para Málaga sale a las 7:10 a.m. La llegada está prevista para antes de las nueve de la mañana. Recogemos un coche y nos vamos directo a Barranco Oscuro en donde nos espera Lorenzo.
Por fin voy a visitar Barranco Oscuro. Venimos programando esta visita desde hace más de un mes y el día ha llegado. Estoy muy ilusionada e intento ir lo más atenta posible porque sé que voy a la casa de una de las familias de viticultores más respetadas de España. El otro día en Naturala Vinis, Manuel, el alma mater de la familia, me decía, “estuve en África sin moverme de casa”. Claro con trepar hasta esos casi 1400 metros en que tienen una parte de los viñedos y si el clima acompaña, la mirada se pierde en África y con ella vuela la imaginación. Por suerte a los viajes imaginarios nadie les pide papeles ni les levanta muros.
Lorenzo me hizo una serie de sugerencias que son para post. Una recorrida enológica y gastronómica impresionante por Granada. Se los transmito tal cual. Yo agregué los enlaces para que los que estén intersados puedan hacer una vistica virtual.
Aquí va:
En El Albayzin hay algún sitio recomendable. Por las vistas os recomiendo Mirador de Aixa o Estrellas de San Nicolás. Para echar unos vinos y charlar con el dueño el Bar Kiki que está en el mismo mirador. Para tapear también es bueno el Torcuato. Para comer bien y más tranquilamente abajo en el Paseo de los Tristes está la Ruta del Azafrán.
La calle Elvira, a los pies del Albayzin, también es muy recomendable. Hacia Plaza Nueva están los clásicos: Castañeda, Salinas. Y en la otra punta, junto al Arco de Elvira están Al Sur de Granada (muchos productos locales) y Páprika, para comer o cenar mas tranquilamente con una botella de vino natural.
Hacia el centro hay mucho más. En la Calle Navas está La Carte des Vins y varios bares buenos de tapeo. Un poco más arriba del Ayuntamiento, en escudo del Carmen está el Asador de Castilla que tiene tapeo potente. En la prolongación de calle Navas, calle Rosario, está La Tana muy buen sitio de vinos y un poco más arriba está Ajoblanco que regenta Nicolás, otro experto en vinos. Más arriba hay otro sitio recomendable, Jaraiz. En la plaza del Realejo está La Metáfora, un restaurante moderno que lo está haciendo bastante bien, para comer y disfrutar con más relax. En el Campo del Príncipe también hay varios sitios de tapeo y un sitio nuevo muy majo que también quieren apostar por los vinos naturales, se llama El Trasgu y los dueños son muy buena gente.
Si todo va bien y voy encontrando zonas wifi, postearé aunque breve, intenso, desde mi móvil. Y esto es gracias a la invalorable gestión, talento y maña de mi socio Quique.
Carlos es el hijo francés de una familia de españoles migrantes en París. Tiene 49 años y hace 3 que vive en Madrid. Está en el negocio del vino desde toda la vida y dentro del movimiento del vino natural desde sus comienzos allá por el año 1981 en Francia. Fue “grosista” durante 30 años, lo que le permitió ser el protagonista de una road movie en donde se cuentan las historias de los padres de los primeros vinos naturales en Francia, como Marcel Lapierre o Philippe Pacalet entre otros. No para de nombrar personas y aventuras y en cierto modo no puede esconder una nostalgia serena por aquellos días de vino, experimentos y aventuras. Es seguidor incondicional de Le rouge et le blanc, la famosa publicación francesa sobre vino natural a la que apela para ir contándote y mostrándote a cada uno de los vignerons que nombra; es un invetigador pasional que muestra cada descubrimiento que hace como algo de lo que no puedes prescindir en la vida.
Comer y beber en La cave du petit es una experiencia intensa, por la calidad de los productos y la actitud salvaje de su anfitrión, que a veces se confunde con mal carácter. No es así, doy fe. Es un hombre pasional, que ama lo que hace y lo que vende y que no espera de otros ni de si mismo que nos guste todo en la vida. Con respeto, trabaja en un oficio muy complicado que combina atender al público mientras explica un producto que requiere tiempo como el vino natural. Pero antes de abrir una botella a un cliente, le advierte que está a punto de vivir una experiencia intensa, rara. Lo imagino gruñendo, cómo no, pero también me imagino perdonándolo.
Cocina su mujer, cuyo nombre permanece en el misterio para mi y no está mal, y lo hace de maravillas. Empanadillas de berenjenas con queso fundido, tarrinas de patés de olivas con pepitas de mostaza o curry, orejas de cerdo que directamente te conetcan con el paraíso y unos dulces que van del más puro chocolate a una tarta tibia de manzanas, un trozo de nata fría y una galleta hecha con mucha mantequilla que te pueden hacer perder los papeles y encontrar argumentos para repetir.
La cave du petit es la única tienda y bar de vinos naturales en Madrid y como el mismo Carlos dice hacen falta más y más acciones de promoción, porque hay curiosos amantes del vino que quieren saber y beber más.
Los medios de comunicación demuestran cada vez más interés por propuestas como estas, los amantes del vino se acercan curiosos por lo que puedan descubrir aquí y más de uno llega con la intención de llevarse algo para sorprender al suegro, a un amigo o a un descreído. El promedio de edad de los clientes de Carlos es de 35 años, los jóvenes madrileños no son amantes del vino salvaje, dice, mientras descarta una botella ahora vacía de un licor que compró hace un año cuando inauguró el local.
Por su ubicación podemos pensar que está fuera de circuitos turísticos y es cierto; pero esto te da la posibilidad después de una cena opípara, de caminar unas calles tranquilas para dar tiempo y espacio en nuestro cuerpo a una experiencia gastronómica y vinícola intensa, física, espiritual.
Después de la experiencia inmejorable de una noche de fines de verano en un Madrid más hambriento de otoño que nostálgico de buen tiempo, me fui a visitar a Carlos, esta vez con la intención de poder presentarlo tal cual es, en estado salvaje, como los vinos que ama, promociona, vende y comunica en medio de sonidos y gestos que lo hacen totalmente personal y único.
Cada vez creo más en Internet me dijo Fermín aka Bentley a poco rato de conocernos. El encuentro fue en La Polenta con la excusa del 3D para en realidad compartir una muy buena mesa. Bentley nos agasajó con un vino gallego D.O. Monterrei y Bernardo acompañó los segundos con el navarro Javier Asensio. Las empanadas criollas, el bife con chimichurri y diferentes menjunjes con ducle de leche sellaron el acontecimiento.
con Bentley en La Polenta de Barcelona
Fermín estaba en Barcelona visitando a los viejos y nuevos amigos y fue un gustazo acompañarlo a él y a Juan Carlos de recorrida por estas calles de mi amargura. Fue excelente porque por un ratito pude hacer de guía por la ciudad, recorriéndola y mostrándola con sincera emoción. Cuántas veces anduve contando la bajada de Santa Eulalia (los clavos como cuchillos afilados me duelen cada vez), cuántas veces pasé por el Anduriña (golondrina de mis amores), La Palma (un dejo de exquisita parquedad), y los recovecos del Borne. La terraza del Hotel San Felip Neri en la plaza homónima estaba divina perfumada por los aromas que vuelan leves desde la tienda de jabones que hay en la esquina de enfrente. Si la fuente hubiera estado encendida su sonido habría agregado calma a la calma y frescura a una brisa muy de agradecer.
Mientras deambulamos por la ciudad conversamos de todo. Fermín aka Bentley es un apasionado de su profesión de sommelier y un conocedor de la condición humana; eso es lo que pasa cuando te entregas al trabajo con público y conoces cada rincón material y espiritual a cada lado de la barra. Terminas por saber qué están pensando tus clientes antes que ellos. Hicimos una recorrida por el mapa de los vinos españoles, las realidades de las diferentes de D.O. La importancia de la promoción del vino y lo que falta por recorrer en España; la idiosincracia de los productores y cómo hacer para tender los puentes de conversación. La caminata nos llevó por el Celler de la Boquería en donde la charla con Cesc y Juanjo es imparable. Que qué piensas del pinotage de Sud África, que cual es el cava fresco con los aires de manzana y pera que te alivia el verano y alegra el espíritu. La constatación que hay tantas referencias de vino que aún a un profesional metido en esto cien por cien se le escapan miles.
Seguimos la ruta para tomar algo fresco y llegamos al Boadas. No faltaba nadie, es una película este lugar que se mantiene intacto y frágil. ¿Hasta cuándo resistirá? Un gin tónic, un mojito y una copa de cava y el murmullo que se volvía ruido así que seguimos la marcha. Atravesamos la ciudad y llegamos a La Palma un clásico de la calidad y el humor seco en el ala derecha de Santa María del Mar. A falta de cerveza más cava, en silencio y con bastante calor. La recta final recorrió Argentería cuesta arriba, atravesó la Plaça Sant Jaume y dejó a una parte del pelotón en el Orio ex VILDSVIN de la calle Ferrán, un local grande y bien acondicionado, demasado guiri para mi gusto. Nos despedimos hasta Madrid y yo seguí a casa en donde Claudio me esperaba junto con la tripulación al completo del Battlestar Gallactica.
Cuánta razón tiene Fermín aka Bentley, cada vez creo más en Internet.
En los comentarios al post anterior, Nacho, Bentley, Paschal y Ricardo nos pasaron algunos datos sobre refugios urbanos y estrategias varias en donde guareserse de los calores intensos del verano y también del frío cruel del inverno.
La valoración de cada uno pasa por servicio, carta, precios, ubicación.
Leyendo alguno de los comentarios he decidido contar mi particular via crucis con la ciudad de Barcelona (me perdone Joan);)
Hace tiempo que ya no salgo con rumbo fijo sabiendo que voy a un sitio conocido, en donde me tratarán bien, me sorprenderán por el conocimiento y el reconocimiento y pagaré algo que entienda como un justo intercambio entre la calidad global de la oferta y lo que me cobran. Creo que el modelo Barcelona está muriendo por culpa de la ausencia de un plan estratégico de calidad para la ciudad desde las diferentes instancias de gobierno; por falta de sensibilidad de sus dirigentes que lucen de modo obsceno los dientes largos, la imaginación nula y un afán recaudador de gruppie pesetero.
Si partimos de la base que en la actual coyuntura económica los modelos con probabilidad de sobrevivir son los que agregan valor a la comunidad en la que actúan, entonces el modelo Barcelona va al fracaso más estrepitoso o mejor dicho está hundiéndose con todo éxito en la falta de rigor, de elegancia, de glamour, de calidad y sobre todo de respeto a los ciudadanos que la habitamos y a los “guiris” (turistas) tratados con desdén desde la fritanga barata y los baldes de sangría de las Ramblas. Modelo impersonal, lavado, de souvenirs y shawarma (en el mejor de los casos), cuatro locales pijos con precios altos no hacen modelo. Y los edificios con firma menos.
Vivo en el centro de la ciudad en donde la rotación en el giro comercial de los locales es altísima; es decir pasan de lo más variado a locales de souvenir. (souvenir: sombreros mejicanos, camisetas del barça, porcelanas de Yadró y cristales de Swarowsky. Vestiditos de bailaora y zapatos a juego, abanicos y mantones de polyester por supuesto. Postales, pilas, cámaras de foto descartables:( Es casi imposible sacar adelante otro tipo de propuesta y para probarlo los invito a recorrer esta ciudad para descubrir. Y cuando la estén recorriendo un enjambre de paquistaníes, indios, nepalíes, etc se les vendrán encima como zombies repitiendo el mantra cerveza bia (beer), cerveza bia, cerveza bia. Y si sigo este post puede transformarse en una retahíla de quejas todas bien fundamentadas pero al final cargosa.
En la entrada del Kunsthaus de Zürich hay una representación de la puerta del Infierno de la Divina Comedia creada por Rodin. Creo que podríamos traer una en cartón piedra (que aquí, dado el panorama, pegaría el golpe de ojo;) y recordar lo que el gran poeta florentino escribía:
Sadhyo, Malena, Gabrielle ante las puertas del Infierno
Hace algunos días Bentley primero y Oriol después hicieron llegar a este observatorio el artículo que publicaba El País sobre cómo influye el calendario lunar de María Thun en las decisiones de compra y venta de grandes supermercados en el Reino Unido. Hoy Bea Valdivia me acerca la información de que una bodega catalana, El Cep, acaba de sacar al mercado su cava procedente de agricultura ecológica extrema, guiados entre otros por este calendario y por prácticas sugeridas en las lecciones de agricultura biodinámica de Rudolf Steiner.
Mañana nos reuniremos en el Restaurante La Generosa de la calle Caspe 151 de Barcelona (próxima apertura en dos semanas) a degustar los caprichos de Quim Monzó que propondrá una carta mediterránea, de mercado y a su antojo para maridar con los vinos naturales que traerá Benoît con toda su Ánima de vi.
Por las razones que sean tengo la sensación que se habla cada vez más del tema y debería por consecuencia consumirse también cada vez más. ¿Agregarle el adjetivo natural al vino aleja al curioso que no se siente experto? ¿Es este tipo de discusión la que apasiona a los entendidos y espanta a los que quieren beber y amar al vino?
Ayer me encontré en 3D con Oriol del vi A PUNT a quien sigo por su blog y porque efectivamente me encanta su apuesta por el baggin’box y el cuidado estético en lo que hace. Nos encontramos en el Celler de la Boquería a donde había ido con Stefan Lismond a presentar Cingles Blaus. La conversación sobre la comunicación del vino no tardó en instalarse. Coincidimos en la importancia de la comunicación, de invertir, de tomar riesgos por parte de los productores, de que no se puede estar toda la vida esperando a ver cómo le va al vecino y coincidiremos el martes que viene en Sant Sadurní d’Anoia en la próxima jornada sobre innovación en el sector del vino organizada por el INCAVI en debatdevi. Hay tema para debatir, es cierto.
La pregunta que quedó flotando en el aire de la tienda de la calle Petxina, como día de fruta-fuego fue ¿cómo se hace para volver más sencillo el mensaje sin simplificarlo, como se logra la sencillez de lo complejo? ¿Cómo se estimula la curiosidad y el deseo de descubrir en este mundo que todo lo engulle a la velocidad de cuatro estómagos?
En la calle Ample 51 de Barcelona, todos los viernes de manera litúrgica, nos sentamos a la mesa de Polenta. De las manos de Bernardo, Eva y Magatte salen unas empanadas de órdago, si no nos da por el generoso tempura o la ensalada de espinacas y queso de cabra.
La carne se le da bien a Bernardo. Será por la escuela rioplatense que se le coló en los fogones de su corazón. Le llaman bife pero es una entraña con todas sus letras. Un día comentó que tenía rabo de toro y ya nada fue igual.
De los postres, todos caseros, tema largo fue el del chajá. Postre típicamente uruguayo si lo hay, la versión de Bernardo es sorprendente, original y golosa aunque se parece poco al auténtico, el de la medallita. Sugerimos llamarlo falso chajá pero no nos tomaron muy en cuenta.
Desde hace muchos años un número de amigos variable pero siempre fiel, nos encontramos los viernes para comer y entre platos y copas mantener vivos los vínculos, además de intercambiar cantidad de contenidos de todo tipo. Los viernes son importantes. Lluis llama unas dos horas antes y ajustamos relojes, Paul se apunta cada vez que puede aunque ahora tiene clases a la hora de comer, Albert y Bea vienen cada vez menos aunque siempre están en la conversación. El lugar de estos encuentros es muy importante. Tiene que acogernos, tratarnos de amigos, aguantarnos todo y esperar al viernes para que vayamos. Hoy ese hogar del viernes a mediodía es Polenta y Bernardo, Eva y Magatte son nuestros amigos y cómplices.
Así que cuando quieran unirse a la fiesta de los viernes los esperamos a pasitos de correos en el corazón antiguo de la Ciutat Comtal.
Eva, Bernardo y Magatte através del cristal de la cocina